Recuerdo el agua entrando en mi cuerpo.
Suspendí la respiración durante un año,
Desvelo de mi infancia, parece no tener sentido.
Siempre tuve miedo de este mar huraño.
Pesadillas donde, como una nube o una tormenta había venido
una ola cristalina se alzaba sobre el horizonte.
¿Qué conservan los muertos?
Ahora entiendo lo siguiente;
Sólo lo que la piel guarda puedo recordar.
Las piedras estremecen mis huesos
Y desde la playa ,
una gaviota ciega me viene a contar
que en mi boca anida un cangrejo silente.
Cuando calla la pena,
puedo ver nuestro lecho;
Su cuerpo atardecer ante mis ojos abiertos a la eternidad.
Casi transparente, como reloj de arena;
Sentí arder su pecho;
y probé abierto como una estrella, sus entrañas de azul y humedad.
Nos sumergimos en el siniestro mar,
Ella con una piedra al cinturón,
Yo con una cuerda por collar.
Hoy crece un coral sobre mi corazón.
Lleva su nombre y baila bajo la luna.
Su mano encontró la mía
Media vida después con otro rostro amanecía
Diez dedos entrelazados en la espuma.