Medio dormido, escuché palabras prístinas como la poesía más simple en lengua materna.
Palabras claras como el respiro de un pájaro en pleno vuelo cuando la ciudad se silencia un momento
Palabras traducibles a cualquier lengua porque vienen de la naturaleza,
Y decidí no guardarlas en el regazo de mis manos
Como quien mea un rosal cuando la flor ha brotado.
Como mierda en la nieve.
Como ir a la oficina del inspector general
Y así, como aquel que no atiende el llamado enferma,
mi barriga se inflama
el sueño escasea
Y ni el vino que en blanco pie griego baila la uva de la cosecha,
ni el mote que en escupo fermenta en el recipiente para ser muday
ni siquiera la cerveza que chorrea insolente en una silla de playa
fueron -esta vez- suficientes para sanarme la herida que me he causado
una tarde después del trabajo,
casi sin darme cuenta,
en el patio de mi casa.