sábado, 9 de junio de 2018

¿Que son para nosotros... - Arthur Rimbaud

En el mes de marzo de 1871, Arthur Rimbaud, junto a su familia, visitan Paris, coincide su visita con la Comuna de París; famosa manifestación obrera y socialista en contra de Napoleón III, que sería particularmente recordada durante Mayo del 68´ (junto con la revolución  de 1848). En dicho contexto, Rimbaud comienza a escribir "Las cartas del vidente", el cual -al igual que la mayoría de sus escritos- tiene como objetivo el revolucionar el concepto de poesía que había hasta entonces. Sin embargo, menos conocido es otro texto llamado "¿Que son para nosotros..."; escrito en esta misma época, el cual muestra el interés del poeta por el descontento social de los trabajadores. Tramposo sería hacer una crítica literaria antes de presentar el texto, pero me parece inevitable hacer mención, al menos, sobre la presunta necesidad de que toda cultura precisa de una figura central abstracta que se erija como un falo que de autoridad y sentido a una sociedad, sin importar la inclinación política que esta tenga. Ahora bien, posiblemente en un futuro presente por este mismo medio algún ensayo sobre esta cuestión, centrándome en la figura de Robespierre (protagonista de otra revolución en Francia, en este caso la más famosa, la inciada -según la Historia Universal- en 1789). Más, por ahora, dejo al lector en contacto con este poema: 


¿Qué son para nosotros, mi corazón, las capas de sangre y la brasa, y mil muertes, y los largos gritos de rabia, sollozos de todo infierno apabullando todo orden; y el Aquilón todavía sobre los restos; y toda venganza? 

¡Nada!... -Pero sí, toda aún,
¡nosotros la queremos! Industriales, príncipes, senados:
¡pereced!poder, justicia, historia: ¡abajo!
Esto nos es debido.¡La sangre!¡La sangre!¡La llama de oro!
¡Todo a la guerra, a la venganza, al terror,
mi espíritu! Girémonos en la mordedura: 
¡Ah!¡pasad Repúblicas de este mundo! 
Emperadores, regimientos, colonos, pueblos, ¡ya basta!
¿Quién removerá los torbellinos de fuego furiosos, sino nosotros y los que nos imaginamos hermanos?
A nosotros, novelescos amigos: esto nos va a gustar.
¡Jamás trabajaremos, oh olas de fuego!
Europa, Asia, América, desapareced.
Nuestra marcha vengadora lo ha ocupado todo,
¡ciudades y campos! -¡Seremos aplastados!
¡Saltarán los volcanes! Y el Océano golpeando...
¡Oh!¡mis amigos! -Mi corazón, es seguro, son hermanos:
¡negros desconocidos, si acudiéramos!¡Vamos!¡vamos!
¡Oh desgracia!
¡Me siento temblar, la vieja tierra, sobre mí que más y más es vuestra, la tierra se funde,
¡No es nada!
¡Aquí estoy!
¡Aquí estoy siempre! 

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