Así me va embargando una extraña tranquilidad, volviendo al lugar que siempre supe que iba a regresar. Ya, hoy, sábado en una noche de otoño no me urge divisar el extraño tumulto de mareas ebrias de gente vagando en busca de sexo o licor. Ya los días se asemejan a aquellos primeros días en Santiago, donde me ahogaba el mundo exterior y prefería encerrarme en mi pequeño cuarto. Tal vez a esperar el amor o algo peor. Hoy envuelto en un halo de misterio me embarga la idea de habitar un bosque, tranquilo y en soledad; ¿Será contemplar el año y sus estaciones el destino? Acaso he sido siempre mezquino; el otro día lo hablaba con un amigo: deberíamos ser más generoso con nuestro arte, ponerlo en circulación.
En poesía se ha hecho demasiado, se ha jugado con palabras hasta el hartazgo; quizás, aún, hasta un acto masturbatorio donde el gesto estético y comunicativo ha perdido valor. Ya está muy en boga una presunta libertad en el verso. ¡Gran logro! Pero eso se consiguió hace ya más de cincuenta años, tal vez Juan Emar fue el primero. De tan tozudamente humanos, olvidamos qué es la eternidad. De tan tozudamente vanguardistas, olvidamos que las vanguardias hoy ya no van. que el acto que otrora fue rupturista hoy es incomprensible y sólo entendible a una élite, una que -irónicamente- no tiene ese carácter aristócrata que filtra la impresión según un paladar exquisito, sino que acepta todo como interpretable: "Que algo deja" dicen, y en eso se resume cualquier arte.
Yo diría, antes bien, que aquel arte que no sobrevive bien al cocktail que lo sucede no vale absolutamente nada. El arte debe ser una copa amarga al final de la jornada, o una dulce al principio de la misma; debe estar contenido en esas cartas que aún resisten ser enviadas, deben asaltar las murallas de cualquier espacio repentino, como el baño de un bar o la ventana de un autobús. Debe ser, a la vez, material de al menos una doble lectura: Primero al transeúnte que se ve usurpado de su cotidianeidad por alguna genialidad ineludible; algo que suspenda la anestesia que es entregarse a la rutina de la sociedad. Y segundo, material o comidilla de aquellos intelectuales que juegan a verse incapaz de crear por cuenta propia. Mejor dicho, que sea parte de alguna tradición o contra-tradición que permita que la investigación absurda continúe. Al fin y al cabo, todo se quemará como alguna vez fue de Alejandría una monumental biblioteca quemada por fanáticos. Mañana tal vez sea quemada para calentar a un grupo de gente que, desesperada, busque refugio de este mundo que hemos sabido mandar al carajo todos juntos. TODO EL ARTE DEBE SABER MORIR ALGÚN DÍA.
Y a la vez apostar a la eternidad. "Manifiesto tal vez" dijo Huidobro, y en medio de los excesos Neruda encontró el secreto del amor romántico mientras Spinetta supo darle a Artaud otra salida, una en donde la desesperación o el suicido no es la meta, sino la belleza... la belleza y el alma encontrada frente a frente en medio de dos acordes y una canción. ¿Qué nos queda a nosotros después del siglo veinte?, ¿Qué le queda a la pintura despues de Van Gogh o Brueguel el viejo o El Bosco hace más de quinientos años? No olvidar los accidentes de nuestra tierra nombrada americana, como Melchor Pérez de Holguín en medio del barroco que converge la represión española con la mezcolanza andina de Bolivia y su modesta gente, o Marco Benavides ahondando en medio de sus infiernos a través de una silueta medieval y surrealista.
Las palabras en algún momento sobran, y sólo queda la música, de alguna guitarra solitaria alternándose en medio de aves taciturnas, o la noche haciéndose dueña de la realidad. ¡Cómo supimos, hace doscientos años, bordearle a la oscuridad ineludible con un cielo artificial de luces de fiesta y barcos cruzando ríos milenarios! Y, sin embargo, la oscuridad de nuestra alma aún se encuentra sin lumbre; una manzana sigue siendo una manzana como un poema sabe seguir siendo un poema un siglo después del pequeño dios. Los cuerpos resisten al mediodía el movimiento de todas las cosas, mientras yo me levanto pensando en que he vivido demasiado, y sólo el pensar en mis hermanos pequeños -compañeros incombustibles- me aleja un poco más del suicidio. Aquí me encuentro desesperado y tranquilo (a la vez), con demasiado tiempo y una furia iracunda contra mis congéneres, y compasión extraña a las polillas o arañas que invaden mi casa.
Si esta es mi casa, pregunto, ¿cuanto vale el exilio? Porque atrás han quedado amores hermosos como la luna bañada por todos los mares del mundo. Mujer, tú que miras esto del otro lado, ¿Sabes cuanto te extraño? El arte es la ausencia de lo que se disuelve en nuestras manos. Como la arena o un pueblo arrojado en el desierto. Algunos sabios quedan vedados a la gente, brujas ante todo.
¿Qué ha sido de mis compañeros viajeros que hallé en el camino?, ¿De aquellos que tuvieron que huir de su tierra buscando un futuro mejor? Y hoy se desvelan en un cuarto como el mío, forzados a compartir todo antes que el corazón. Les deseo buena compañía, porque el hogar está ahí donde se sienten amados. No se sabe hasta partir por un buen tiempo; la verdad se les revela como un asaltante de los caminos.
¿Que quimera nos ha incitado a perdernos en estos abismos?
¿Por qué mi arte insinúa esta desesperación?
Más me gustaría que fuera refugio de almas en pena. Un día, espero, que mi corazón sea tan grande como todos los recodos del mundo. La altura del cielo sobre el mar en primavera sea la altura de mis sueños, y pueda hacerlos palabra para que encuentre el consuelo alguna alma. O al menos la mía en esta noche que se sugiere eterna. porque, no recuerdo, alguien dijo, nadie hace arte sino para escapar del infierno.
Quizás, me gustaría que esta negra noche termine en alguna palabra como compasión, amor o dulzura. ¿Viniste tú a darte cuenta de que este trago tomara un destino distinto? Hoy quizás haga el esfuerzo por recordar todo lo aprendido. El final no es tal, no hay ninguno, ahí va el asunto. La dulce piel aguarda un nuevo encuentro; negar lo aprendido, ser niños de nuevo: crear y jugar otro espacio. Tal vez Puerto cisnes, tal vez un rincón en la Patagonia, donde las abejas encuentren su néctar, y nosotros el sustento. Ven a sonreír conmigo una vez más- Ven conmigo a hacer florecer todos los desiertos.