Entre el gemido insolente
de donde exuda la fiera;
Su madriguera
y ella hermosa, sin duda, durmiendo.
aunque no la vea.
El único camino que va dejando
el atraco impotente.
De estos, mis hermanos,
Que invaden cruel
Y van dejando triste testimonio de su presencia.
Yo cojo estos excrementos
de donde las palabras
que hoy siento
van naciendo.
Me tiemblan las manos
como la rama de un árbol viejo
mecido por el viento del otoño
mientras voy escribiendo.
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