sábado, 18 de abril de 2020

Siempre. He viajado cubierto de agravios por una ciudad apestada


Quédate de este lado. Allá la hierba es demasiado alta, puede pasarte algo.
¿Cuál es el gusto de alejarte de la manada? Ves que nos pones a todos en peligro.
Tu olor exuda la piel desnuda, se adivina lo expuesto que se encuentra tu hedionda, vestida y torpe humanidad paseando en la selva.
¿No ves que las fieras huelen a kilómetros sus presas? Y tu carne de cañón que se entrega
 realmente no ayuda a espantarlas.
Les recuerda nuestras uñas sin garras
Nuestros pies torpes que crecieron en un zapato cada vez más viejo.
¡No! el viajero se reduce a dos semanas en invierno. Dos meses en verano, con suerte. ¡No más que eso!
Y siempre de día y por senderos ya construidos, nunca dejando algo en el camino. Ya sabes: la peste y el excremento.
Avisando el regreso al destino más cercano, pidiendo permiso para andar, siendo prudente y amable: mira que ese terreno puede ser de alguien.
Ese cerro puede ser su patio y medio lago su cagadero.
Mira a los viejos, escucha sus consejos, tranquilos y a salvos mirando a través de sus rejas. ¿No son ellos los que están en lo cierto? Más rato se han quedado de este lado, 
Dios está de su lado: 
En cambio tú, ¿a quién tienes? Bolsillos planchados y hambre. Zapatos viejos y pies torpes. Un poco más que eso: promesas de horizonte.