Quédate de este lado. Allá la hierba es demasiado alta,
puede pasarte algo.
¿Cuál es el gusto de alejarte de la manada? Ves que nos
pones a todos en peligro.
Tu olor exuda la piel desnuda, se adivina lo expuesto
que se encuentra tu hedionda, vestida y torpe humanidad paseando en la selva.
¿No ves que las fieras huelen a kilómetros sus presas? Y tu
carne de cañón que se entrega
realmente no ayuda a espantarlas.
Les recuerda nuestras uñas sin garras
Nuestros pies torpes que crecieron en un zapato cada vez más
viejo.
¡No! el viajero se reduce a dos semanas en invierno. Dos
meses en verano, con suerte. ¡No más que eso!
Y siempre de día y por senderos ya construidos, nunca
dejando algo en el camino. Ya sabes: la peste y el excremento.
Avisando el regreso al destino más cercano, pidiendo permiso
para andar, siendo prudente y amable: mira que ese terreno puede ser de
alguien.
Ese cerro puede ser su patio y medio lago su cagadero.
Mira a los viejos, escucha sus consejos, tranquilos y a
salvos mirando a través de sus rejas. ¿No son ellos los que están en lo cierto?
Más rato se han quedado de este lado,
Dios está de su lado:
En cambio tú, ¿a
quién tienes? Bolsillos planchados y hambre. Zapatos viejos y pies torpes. Un
poco más que eso: promesas de horizonte.
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