jueves, 5 de marzo de 2020

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 Aún quedaba un ocaso por contemplar: Ese caos hermoso que es la adolescencia, quizás se ha vivido demasiado. Y la paz llega como piedra que se arrulla en la costa con la marea.
No es que la edad pese en el corazón ni que guarde algún arrepentimiento, sino que esos vaivenes impredecibles se han ido retirando, y van dejando desnudos sobre la superficie los surcos de la infancia: Nunca se es suficiente juego.
Pero hoy se sabe decir basta a otras cosas, quizás ya se han recorrido tantos callejones como recovecos y cuevas de ratón, que no hace falta una vuelta más para intuir el final de un camino. Se aprendió a seleccionar y con eso se ha ido la sorpresa, acaso también la crueldad que trae consigo la belleza. Se va templando el alma, y con ella se van enfriando las pasiones que provocaron tantos desvelos.
¿Es este o aquel un destino mejor o peor? La duda ante todo no se ha ido. Se van dejando ir las cosas conseguidas tras tanto sufrimiento.

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