lunes, 28 de septiembre de 2020

Pajaritos

I.

Los pájaros no cantan para ti, mi querido hermano.

Ni tampoco eres la voz que silenció el garrote y la cruz.

La venia no es eterna

    y no hay un verso que no se halla dicho antes.

Las hojas se ven mejor en los árboles

    y la tinta escurre mejor en el reflejo de un pantano tornasol.

Ni la vida es incompleta

Ni la palabra del poeta encuentra

    algún eco que responda a lo cierto.

Por mi parte, soy tan leal como san Pedro en la madrugada del tormento,

    y de fe, tengo menos que un fariseo.

Eso sí: sigo creyendo que la mejor palabra se la lleva el silencio

    y no acepto discípulo ni compañero que me acompañe al desierto.

Para serle honesto, suelo preferir quedarme en casa viendo el techo.

II.

Los pájaros no cantan para ti, herido ciervo.

Pero las flores devuelven el gesto:

Abren su carne para recibir el cielo

    cuando el niño de mirada ausente rompe el pavimento.

No hay tal cosa como el hombre es la medida de todas las cosas:

    Nada absoluto es cierto.

Humildemente creo -si alguien me lo pregunta- 

    que hay que desandar todo lo que hemos cubierto,

desatar los nudos que arman el tejido de algodón y cuero regio.

Moler el cemento es un buen gesto

Para sentarnos a la orilla de los caminos deshechos

    y, en silencio, oír el canto de los pájaros celebrar el fin de nuestro tiempo

Que no es para ti, poeta amigo, sino para ellos.

Bajo el volcán

He viajado diversos firmamentos en sólo un pestañeo
El tiempo se disuelve, infinito, ante mis mortales ojos
¿Qué ha sido del tiempo en este suspenso?

Se reparten los trozos del ser en el octaedro que ahora es una casa,
amplia prisión en este torbellino de encierro y acabo de mundo.
Así, se expanden fragmentos de conciencia,
fragmentos de vacío arrojados en la nada.

Se confunden los días
se mezclan las sustancias;
las comidas echa juntas:
la frágil intimidad que es despertarnos de un sueño.

Se suspende el sol aferrado a tu espalda,
como alondra en el firmamento,
sobre el laberinto inerme de nuestro encuentro
furtivos de la caza y el invierno.