Hoy te destierro de mi sexo.
De dios hedónico a flor marchita.
Fui colmena y adoración,
ahora una tierra yerma donde nadie espera siquiera una maleza,
una comunidad que hoy se abriga de un sólo cuerpo,
una casa que siempre está vacía/fría.
Los dioses lujuriosos que nos habitaron se han retirado,
dejando sueltas las cuerdas que -voluntarios- los ataron.
Te destierro de mi niño herido
para no ser la madre que nunca fuiste.
Te destierro de mí, niña herida,
del orden del padre
del nombre de los pájaros
de los viajes en barco
del hogar que construimos
de canciones y comida en la cama
& faltar al trabajo
& seguir culiando para dormir de nuevo
& despertar y verte dormir sonriendo
& la gatita tan bien a los pies de la cama
& ir al baño y sonreír soberbio al espejo mientras meo
& flotar de vuelta al lecho
& al día siguiente, de buscarte en ese espejo mientras te vistes
como si de ese cuerpo fuera dueño mientras no me veas mirarte
O acaso después de verme desviar tu vista al horizonte que te lleve a otra parte donde mis ojos no te alcancen
& romper ahí el sueño
& despertar de nuevo
Pero esta vez muy lejos de tu cuerpo.
Te destierro de mi sexo
y vuelvo al territorio de mis venas;
la voluntad torpe aunque incesante
de la piel al mudarse
Aunque no todo sea maledicencia,
Desterradx quedas también
de tantas noches en vela
de mis celos, temores y angustias
de las llamadas de auxilio que te arrebataron de los placeres a mis temblores
de enfermo de fiebre
Hoy te destierro de mi sexo,
porque tú mucho antes desterraste el quererme
Y con él, también, a mis vivos y a mis muertos
Con ellos se irá también este cuerpo
que alguna vez se bañó en tu sangre -ya no mendigante-,
llano en el deseo.
Y este semen impío que aun por dentro te moja
será el gemido en otro nombre que, decididx, dirás: amor, lléname.