lunes, 1 de octubre de 2018

Sutra del girasol - Allen Ginsberg


Caminé por las orillas del muelle de latas y bananas y me senté bajo
                la inmensa sombra de una locomotora de la Southern
                Pacific para observar el ocaso sobre las colinas de casas
                como cajas de zapatos y llorar.
Jack Kerouac estaba sentado junto a mí sobre un poste de hierro,
                roto y herrumbroso, compañero, pensábamos los mismos
                pensamientos del alma, desolados y sombríos y con la
                mirada triste, rodeados por las nudosas raíces de acero de
                árboles de maquinaria.
La aceitosa agua del río reflejaba el cielo enrojecido, el sol se hundió
                sobre los picos finales de Frisco, no hay peces en ese
                arroyo, no hay ermitaño en esos montes, tan sólo nosotros
                mismos con ojos legañosos y resaca como viejos vagabundos
                en la ribera del río, cansados y taimados.
Fíjate en el Girasol, dijo él, había una sombra gris y muerta
                recortándose contra el cielo, grande como un hombre,
                erguida seca en lo alto de una montaña de viejísimo
                serrín —
— Subí encantado atropelladamente — era mi primer girasol, recuerdos
               de Blake — mis visiones — Harlem
e Infiernos de los ríos del Este, puentes campaneantes Grasientos
               Sandwiches de Joe, difuntos coches de niño, ruedas negras
               y sin dibujo olvidadas y sin recauchutar, el poema de la
               ribera, condones & cacerolas, cuchillos de acero, nada
               inoxidable, sólo el hediondo cieno y los artefactos afilados
              como cuchillas en tránsito hacia el pasado —
y el Girasol gris apostado contra el ocaso, resquebrajable desolado y
              polvoriento con el tizne y la contaminación y el humo de
              antiguas locomotoras en su ojo —
corola de indistintas púas dobladas y rotas como una corona
              machacada, las semillas caídas de su faz, boca que
              prontamente estará desdentada de soleado aire, rayos de
              sol obliterados sobre su peluda cabeza como una reseca
              tela de araña de alambre,
hojas extendidas como brazos saliendo del tallo, gesticulaciones de la
              raíz de serrín, trozos rotos de yeso caídos de las negras
              ramitas, una mosca muerta en su oreja,
Qué cosa impía y machacada eras, mi Girasol. ¡Oh mi alma, te amé
              entonces!
La mugre no era mugre de hombre alguno sino muerte y humanas
              locomotoras,
todo aquel traje de polvo, aquel velo de oscurecida piel de vía férrea,
              aquella polución de la mejilla, aquel párpado de negra
              miseria, aquella enhollinada mano o falo o protuberancia
              de algo artificial peor que la mugre — industrial — moderno—
              toda aquella civilización moteando tu delirante
              áurea corona —
y aquellos desolados pensamientos de muerte y polvorientos ojos sin
              amor y extremos y raíces resecas debajo, en el amontonamiento-
              hogar de arena y serrín, billetes de a dólar de
              goma, pellejas de maquinaria, las tripas y entrañas del
              sollozante y doliente automóvil, las vacías y solitarias latas
              con sus oxidadas lenguas ¡ay!, qué más podría yo citar, las
              ahumadas cenizas de algún cigarro pene, los coños de las
             carretillas y los lechosos pechos de los automóviles, culos
             desgastados de sillas & esfínteres de dinamos — todos
             éstos enredados entre tus momificadas raíces — ¡y tú ahí
             erguido ante mí en la puesta del sol, toda tu gloria en tu
             forma!
¡Una perfecta muestra de belleza de girasol! ¡una perfecta excelente
             adorable existencia de girasol! ¡un dulce ojo natural para
             la nueva luna enrollada despertó vivo y excitado aferrando
             en las sombras del ocaso la mensual brisa dorada del
             amanecer!
¿Cuántas moscas zumbaron a tu alrededor inocentes de tu mugre,
             mientras maldecías a los cielos del ferrocarril y de tu alma
            de flor?
¿Pobre flor muerta? ¿cuándo olvidaste que eras una flor? ¿cuándo
            miraste tu piel y decidiste que eras una sucia y vieja
            locomotora impotente? ¿el fantasma de una locomotora?
           ¿el espectro y la sombra de una otrora poderosa y demente
           locomotora americana?
Jamás fuiste una locomotora, Girasol, ¡fuiste un girasol!
Y tú locomotora, tú eres una locomotora, ¡no olvides lo que te digo!
De modo que arranqué el girasol delgado como un esqueleto y lo
           sujeté a mi costado como un cetro,
y entono mi sermón frente a mi alma, y también frente a la de Jack,
           y de la de quienquiera que desee oírlo,
— No somos nuestra piel mugrienta, no somos nuestra desolada
           terrible polvorienta locomotora sin imagen, todos somos
           hermosísimos girasoles dorados en nuestro interior, estamos
           benditos por nuestra propia semilla & nuestros
           dorados y peludos desnudos cuerpos de logro que crecen
           para transformarnos en dementes girasoles formales en el
          ocaso, espiados por nuestros ojos bajo la sombra de la
          loca locomotora ocaso de ribera en Frisco visión colínica
          de latas al anochecer sentados.
Berkeley, 1955

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