La primera vez que te vine a encontrar solo, río danzarín,
oí desde tus entrañas el canto de una criatura tímida
que se mecía entre botes.
El cielo gris en primavera
y miles de ruedas como brazos dando vueltas.
De los sauces el algodón,
teñían este cielo de un matiz oriental
como en toda la región.
Puentes infinitos y casonas de madera
destruídas y camufladas entre el verde de tus orillas.
Camelias y lavandas,
regaban el vino de mis ojos
frente al pehuén solitario y adolescente.
Nacido para ser anciana que llora en tierra extraña,
que no es tierra.
Río y humano te pido
que dances al ritmo de otros cantos.
Si te pido disculpas, pienso:
Humano es el perdón.
Remanso también mis propias aguas.
Más, tus voces son únicas.
Tu cuerpo se agita como silencio antes del abismo.
Honesta y de risa suave,
caminamos un día con mi amigo
descalzos, hundimos los pies en el fango.
Mientras la risa brotaba como luces ya en tus aguas.
Ese día nos burlamos de la futilidad de la vida,
e incluso me olvidé de ser humano.
Alivio.
Las hojas cubrían el sol
cuando subimos al árbol
y aullé con gozo al mediodía del verano.
Siendo hoy primavera,
te saludan todas tus orillas
Las ramas que te ven brotar
Los pájaros y su canto imperecedero
Las raíces que me vuelven a tí
El canto tuyo que anida en mi pecho.
Eres hoy, río danzarín,
mi canto y mi desvelo.
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