lunes, 25 de marzo de 2019

Nota ebria de un cuaderno azul

13/7/2017

Acabo de llegar a Temuco. Esperé que fuera una hora adecuada para ir al bar solo, en primera instancia. Me siento en una larga mesa rodeada de extraños, amables hacen las preguntas de rutina: ¿cómo te llamas?; ¿vienes solo?; ¿dónde estudias?, etc.

Por mi parte, me muestro reacio. No deseo conocer gente hoy. No es cierto, no sé que quiero, aparte de emborracharme. Evito sus miradas: necesito una tribuna oscura desde la cual mirar este circo, acaso encuentro una buena historia que contar.

Mientras, a un par de cuadras una mujer hermosa me espera, o eso quiero creer. Al menos sé que me abriría la puerta y me dejaría entrar. Sin embargo, algo me detiene, llamémosle instinto. Digamos que lo razonable es salvar la distancia: puedo oler el fin, el trueno que anuncia el rayo que resuena en el pecho, como el augurio de una presencia escuálida o un terreno yermo que retrae la lengua empapada de vino hacia la garganta e invita a no echar raíces.

Me preocupan demasiado estas cosas, siempre. Alguien me invita a fumar. Ojalá la gente bailara, se haría más interesante. Estoy un rato con un grupo de tipos, les vendo algo de hierba. Y me encuentro con ella; su porte es distinto, el  color de su cabello, su voz es desagradable. Algo se quedó en el camino. Le alzo una ceja en gesto de saludo, me sonríe con cierta hipocresía. Aún no llegan mis amigos, llevan ya media hora de retraso, me mareo y quisiera estar muerto:

Un afluente agrio me recuerda el sabor de la derrota
pequeñas úlceras
fragmentos de sangre negra
se ríen
de mí.

Un sendero hecho de hojas muertas
se raja
como el espasmo a la noche:
todos hablan y se ríen.
Una serie de líneas proyectadas al vacío.

Estoy en el punto donde gira la rueda en torno a la gravedad que empuja a la nada: cobra la mayor fuerza. Ella ríe. Las bicicletas se suspenden en el aire, todo parece quedar de cabeza, yo me prendo de los hombros a dos ganchos paralelos: veo las bocas de las botellas escupir cerveza ya sin espuma, aunque fría. Ella ríe, y mis ojos no dan con un horizonte que no esté interceptado de gente aullante y ebria. Extraño las montañas y su silencio solemne.
Gozo de dos botellas, una rebosa de vino, otra de cerveza. Ella baila, ya no me importa nada.
Los ganchos ceden y mis hombros deseosos de bailar se suspenden en el aire. 

Pienso en los supermercados y su vitrina de cuerpos sin gravedad.
Pienso en los mercados de carne humana.
En las vidas desperdiciadas buscando dar con otra carne ávida de lo mismo.
-Hilos de sangre entre medio-

Nadie se encuentra nada, volvemos con las billeteras vacías y la garganta* ardiente. 
No hay camino a casa esta noche, tampoco doy con ella. 
El viento azota mi cabeza, la soledad tiene un gusto a sal.
Las flores están marchitas, no ocurre el milagro
y todo queda en nada.

Profiere una tierra sin sombra, una suerte de paz que suspenda al aire de su combustión.
Plexo solar abierto.
La luna ríe, yo la miro sin verla.






(*Garganta: 1. espacio que separa por medio de un afluente la división entre mundos paralelos. 2. Camino por el que ingresan para no volver y, si vuelven, son distintas a entonces. Quien baila con la muerte, olvida lo que es a costa de recordar su multiplicidad y el destino que adivina propio.)


miércoles, 20 de marzo de 2019

De Quintay a Bolivia

- Vamos a mandar al infierno al futuro por incierto
- Te echaré de menos, compañera. Te gustaban las flores; lilas y moradas. Colgaban de tu oreja un poco puntiagudas.
- Tuyo fue todo mi arte. La belleza estaba clavada en tu rostro, y todo lo que te rodeaba estaba llena de colores.
- Miramos mil caminos, miramos el cielo y la mar. Sentí vértigo. Y elegí el no-camino, entre mil caminos. De todos los senderos, nos fuimos por el no-sendero.
-Rodamos en la arena; olvidamos los caminos.  Y NOS REÍMOS DESVERGONZADOS.

"EL ARTE Y LA MUERTE." Fin del verano.

voy cerrando los ojos, y me parece verte, otra vez




"EL ARTE Y LA MUERTE." 



"Ese cuerpo que abandonarás sin olvidar su materia ni su materia ni su espesor ni su asfixia imposible...

... Esa agua que se derrama es la muerte, y desde el momento que te contemplas en paz, que registras tus nueve sensaciones, desde ese momento comienza la gran identificación: estabas muerto, y he aquí que una vez mas, te sientes vivo. Sólo que esta vez, estás solo.

La angustia se desliza en el sueño.
En todo caso, ese sueño no puede mentir. 
Los sueños no mienten.

Al parecer,la propia fuerza de la desesperación restituye determinadas situaciones de la infancia donde la muerte aparecía tan clara y como la derrota de un tirón. la infancia reconoce los bruscos despertares del espíritu, esas intensas prolongaciones del pensamiento que vuelven a perderse a una edad más avanzada:
recuerdos inauditos de una realidad totalmente mental.


El niño ve teorías reconocibles de antepasados, en donde observa los orígenes de todas las semejanzas reconocibles en cada hombre.

...pero llega ese movimiento de la vida hacia lo tenebroso, y desde entonces semejantes estados sólo se encuentran con la ayuda de una lucidez absolutamente anormal, por ejemplo, la que producen los estupefacientes. De ahí proviene la inmensa utilidad de los tóxicos, para liberar, para sobre elevar el espíritu. Mentiras o no, desde el punto de vista de una realidad de la que vimos lo poco que podíamos tener en cuenta, ya que lo real no es más que una de las caras mas transitorias y menos reconocibles de la infinita realidad, ya que lo real se iguala a la materia y se pudre con ella, y los tóxicos, desde el punto de vista del espíritu, conquistan su dignidad superior que los convierte en los auxiliares más cercanos y útiles de la muerte.

todos aquellos que sueñan sin echar de menos sus sueños, 
sin sacar de esa zambullidas en una inconsciencia fecunda, 
un sentimiento de nostalgia atroz, 
SON UNOS PUERCOS: 
El sueño es real, todos los sueños lo son. 

tengo la sensación de asperezas, de paisajes como esculpidos, de fragmentos de tierra ondulante recubierto por una suerte de arena fresca, cuyo sentido significa lamento, decepción, abandono, ruptura:

¿cuando volveremos a vernos? 

nada existe que se asemeje al amor como la evocación de ciertos paisajes vistos en sueños 

como el cerco de terminadas colinas por una suerte de arcilla material, cuya forma esta como moldeada en el pensamiento

¿cuando volveremos a vernos?
¿Cuando el sabor terroso de los labios vendrá una vez más a rozar la ansiedad de mi espíritu?

La tierra es como un torbellino de labios mortales

frente a nosotros la vida cava el abismo de todas las caricias fallidas

¿que tiene que hacer junto a nosotros ese ángel que no supo mostrarse? 

¿acaso son nuestras sensaciones siempre intelectuales y nuestros sueños no logran arder sobre un alma cuya emoción nos ayude a morir?

¿que significa esta muerte en la que eternamente estamos solos, donde el amor no nos muestra el camino?

Fin de nota."
- Antonin Artaud (fragmentado)



Observaciones

Saber que una mirada puede más que todas las palabras, y un sueño resumir todos los viajes.
Como un collage arrebatado por la luna llena despedida por el verano, en apariencia agonizante.

No es casualidad que la esperanza se guarde en el mismo cofre que todos los males, porque mientras --entre sueños- me hago aquella pregunta de, si acaso, voy mal cerrando la puerta al amor en tu rostro.
Salto, pues, al imaginario de tu realidad, y ceso mi voz, porque al advertirme me expulsas como el apestado que hierra  y contagia su convixión herrada del hamor. Porque, en un arrebato de lucidez, volví a casa, abandonando tu amor por lo incierto que es buscar un hogar y un nuevo comienzo.

Mañana comienzan a caer las semillas, dicen; un día nos encontraremos

Pero ¡con qué propiedad, con qué atrevimiento y certeza hablamos del amor! 
Queremos alzarlo como una verdad manifiesta. Inalterable. Suspendida sobre cualquier marea. ¿No recuerdas que, en hongos, nos dimos cuenta de que todo está en movimiento?
¿Que yo lloré en tus brazos camino a nuestro encuentro sobre la colina que se alza sobre el mar? Lloré de felicidad, lo confieso, como anoche lloré de pena oyendo a Artaud.

¿por qué el amor debe ser menos material que cualquier carta dejada en el camino o el nombre insolente tallado en la superficie cotidiana de los días? 

Dímelo, sabiendo que comparto que hay que entregarlo todo, que la caricia es el puente entre un alma y otra, y que el sueño fue compartido.... pero ya se despertó.

Así, muda la piel el corazón, y de paso nos salvamos de la enfermedad que se llama nostalgia sin remedio. Se llama culpa, y decir: ¡Yo no sé amar!

No se sabe, querida, se siente. Y mientras más libre, más ligero es su vuelo. Más lleno de aire y horizontes circulares. Yo no cierro las puertas, hecho abajo las murallas y quemo la casa. Antes de eso, me robo el cofre. Supe vivir así desde hace tiempo, porque el nómada tiene inscrito -irremediable- sobre la frente la marca del cuatrero, y yo me fui aun queriendo estar ahí. Imaginándome en medio del fuego, construyendo una morada donde las flores sepan burlar todos los inviernos.

Pero un día habrá una que me cobije, cariño.
(Una casa, entendiste mal)
Entonces dejaré de vagar errante, agradecido de nuestras trece o catorce lunas. Y antes de eso, y si acaso quedó algún veneno incierto, ya no puedo disculparme, sólo fui yo amando intenso. Y de tu casa incendiada a causa de las sábanas, sabrá nacer una nueva piel que cobije a una nueva piel.

Finalmente, una vez que se acabe este cuento, podremos mirar cada uno a nuestros corazones y decir: ¡las cicatrices son hermosas!

porque nos enseñó algo nuevo que hoy el dolor, como la sangre que mana fresca de la herida, no deja ver la marca que nos deja este amor:

NUNCA MENOS QUE ESTE AMOR
alcanzo a leer, mientras me desangro.
No, no es la muerte del amor lo que nos duele, 
es la angustia de despertar de este sueño.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Indicaciones para perderse en el bosque

(El semen como un fractal va tomando forma en la arena*)
*Esto se lee en silencio


Pienso en mis hijos Tristán y Leftraru
que los cobijará la misma sombra de este cuarto.

¿No es el bosque la soledad más preciada?
Aunque fuera, bien, se libren navales batallas
O el tronar de helicópteros ahogue el canto de bestias aladas.

Una vida entera soñé ver correr a mis hijos
                                                                      sobre negra tierra.
Llevaban los cabellos largos untados con grasa
Al llegar a casa, rojos de sudor, arrojaban sus menudos cuerpos sobre piel de cabra.
Mis hijos lucían orgullosos su cara manchada
                                                                           de excremento de aves.
O de la sangre de algún gendarme: odiaban,
sobre todo,
la propiedad privada
y al guardián de sombrero verde que la defiende.

Más, despierto y pienso
que al cavilar los años y verme más viejo;
¿Pudiera ser el traidor de la raza que esté pariendo?

¿Habría aún un refugio que pudiera cobijar este agotado cuerpo?
Lejos del registro de los hombres con quien crié una raza de guerreros.
Lejos, también, de los brazos de una mujer para acompañar los inviernos.
Sólo yo y el viento.

Y los insectos dorados dentro de los troncos. Aguardando en silencio.
Maldiciendo en lengua ancestra
al final que les he puesto
por la brasa que del tronco fulgurante ha nacido.

Y ya mi cuerpo como la fogata se va extinguiendo,
la misma que enseñé a mis hijos
Tristán y Leftraru, que siendo mocosos de ojos negros
cogían palitos del cerro.
"Nunca", les dije "Tomen más de lo que necesiten".
Espero hayan aprendido;
Jóvenes hermosos de mirar atento.

Y así como el fuego se va haciendo más pequeño,
Y sin que nadie derrame sobre mi tumba vino.
Y sin que nadie, tras la última hora, brinde en mi nombre.
Me iré confundiendo entre las ramas del bosque,
siendo de insectos alimento.

Devolviendo, agradecido,
lo que sin querer,
en mi afán de ser humano arrebaté.
Para morir solo y en silencio.
Y mientras cierre los ojos,
Sonreír soñando
que mis hijos sabrán
que en el bosque los espera un poeta muerto.