lunes, 22 de abril de 2019

El hombre de los ojos hermosos - Ch. Bukowski



Aquí una versión animada de este poema creada por Jonathan Hogdson.


Y acá escrita y copiada tal cual sale en la siguiente página


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cuando eramos niños

había una casa extraña

todas las persianas estaban

siempre

cerradas

y nunca escuchamos voces

que vinieran de ahí

El patio estaba lleno de

bambú

nos gustaba jugar entre

el bambú

fingíamos ser Tarzán

( pero no había una Jane)

había un estanque

grande con peces

tan gordos

como nunca has visto,

dóciles venían a las superficie

para comer pan de nuestras manos



nuestros padres

nos dijeron

¡nunca se acerquen

a esa casa!

de todas maneras

lo hicímos

nos preguntabamos

si alguien vivía ahí

las semanas pasaron

y nunca vimos

a nadie



entonces un día

escuchamos

una voz

vino de la casa

–¡DIOS MALDITA PUTA!–

era la voz de un hombre




la puerta

se abrió de golpe

y el hombre salió



tenía un vaso de whiskey

en la mano derecha

tendría

unos 30 años

llevaba un cigarrillo

en la boca

necesitaba una afeitada

su cabello era salvaje

sin peinar

andaba descalzo

con una camisa

y pantalón

sus ojos eran brillantes

respladecían

con su viveza

Nos dijo:

–hey, pequeños

caballeros ¿Se están divirtiendo?

eso espero–



entonces

se río brevemente

y volvió a entrar

a la casa



nos fuímos

al patio de mis papás

y pensamos en ello



nuestros padres

concluímos

intentaron

mantenernos

alejados de esa casa

porque nunca quisieron

que viéramos

a un hombre como él

un hombre natural y fuerte

de ojos hermosos



nuestros padres

estaban avergozados

porque no eran así

era la razón

por la que quisieron

mantenernos alejados




pero regresamos

a la casa

al bosque de bambú

y los peces dóciles

regresamos muchas veces

por muchas semanas

pero nunca escuchamos

o vimos al hombre otra vez



las persianas

permanecieron cerradas

como siempre

y en silencio



un día

cuando regresabamos

de la escuela

vimos la casa



se había quemado

no quedaba nada

sólo los restos

negros retorcidos

de los cimientos

fuimos a mirar

el estanque

no había agua

y los peces gordos anaranjados

estaban muertos

y secos





regresamos

al patio de mis padres

para conversar sobre el asunto

concluímos

que nuestros padres

quemaron la casa

y asesinaron

también a los peces

y el bosque de bambú

porque eran demasiados hermosos

ellos

habían temido

del hombre de los ojos hermosos




toda nuestra vida

tuvimos miedo

que cosas así pasarían

que nadie quería

que alguien fuera

bello y fuerte

que otros nunca lo permitirían

y toda esa gente tendría

que morir

lunes, 15 de abril de 2019

En el fondo del lago


Soñé que era muy niño, que estaba en la cocina
escuchando los cuentos de la vieja Paulina.
Nada había cambiado: el candil en el muro,
el brasero en el suelo y en un rincón oscuro 
el gato, dormitando. La noche estaba fría 
y el tiempo tan revuelto, que la casa crujía... 
Se escuchaba a lo lejos ese rumor de pena 
que sollozan las olas al morir en la arena,
y a intervalos más largos esos vagos aullidos
con que piden auxilio los vapores perdidos.
Nosotros, los chiquillos, oíamos el cuento 
sentados junto al fuego, y como entrara el viento
por unos vidrios rotos, su frente medio cana, 
la vieja se cubría con su charlón de lana. 

Era un cuento muy bello: 
Tres príncipes hermanos 
que se fueron por mares y países lejanos 
tras la bella princesa que la mano de una hada 
en un lago sin fondo mantenía encantada. 
El mayor, que fue al norte, no regresó en su vida;
el otro, que era un loco, pereció en la partida; 
y el menor, que era un ángel por lo adorable y bello, 
llegó al fondo del lago sin perder un cabello... 
Allá abajo, en el fondo, vio paisajes divinos, 
castillos encantados de muros cristalinos
y en un palacio inmenso, de infinita belleza, 
encerrada y llorando, vio a la pobre princesa. 
Se encontraron sus ojos, se adoraron al punto 
y lo demás fue cosa de poquísimo asunto, 
pues al verlos tan bellos como el sol y la aurora, 
el hada, que era buena, los casó sin demora. 


-Así acabó la historia de aquella noche... El gato 
se despertó gruñendo, desperezóse un rato 
y se durmió de nuevo. Zumbó las ventolina 
en el cañón, ya frío, de la vieja cocina... 
Se levantó un chicuelo y sin hacer ruido 
enhollinó la cara de otro chico dormido... 
Yo, me quedé soñando con el príncipe amado 
por la bella princesa, con el lago encantado 
y también con los tristes y apartados desiertos 
donde duermen los huesos de los príncipes muertos.
- Diego Dublé Urrutia


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Una tarde de domingo en casa de los abuelos, durante mucho rato buscando un enorme libro de poesía perdido entre tantos recuerdos de tanta gente. Debe haber sido el primer contacto, o tal vez en las noches de tormenta en el sur de Chile, en Perquenco, una humilde y fría casa a medianoche y yo desvelado junto a mi padre le pedía me contara algún cuento.

Este poema en particular, lo sabe mi abuela Hilda de memoria, pero ya había empezado a olvidarlo cuando -ya hallado el gran libro- comencé a declamar la primera línea y el poema volvió a su boca. Soy el que peor declama de la familia.

viernes, 12 de abril de 2019

PASIÓN, PASIÓN y MUERTE

...
Poema publicado en el diario La Nación el 2 de Abril de 1926; Viernes Santo.
Dedicado por Vicente Huidobro a Ximena Amunátegui.

(Dada la ocasión de este blog, quien lo lee, sabrá a quién va dedicado)
...

Señor, hoy es el aniversario de tu muerte.

Hace mil novecientos veintiséis años tú estabas en una cruz

Sobre una colina llena de gente.

En el cielo y la tierra tus ojos eran toda la luz.

Gota a gota sangraste sobre la historia.

Desde entonces un arroyo rojo atraviesa los siglos regando nuestra memoria.


Las horas se pasaron ante el umbral extrahumano.

El tiempo quedó clavado con tus pies y tus manos.


Aquellos martillazos resuenan todavía,

Como si alguien llamara a las puertas de la vida.

Señor, perdóname si te hablo en un lenguaje profano,

Mas no podría hablarte de otro modo pues soy esencialmente pagano.


Por si acaso eres Dios, vengo a pedirte una cosa

En olas rimadas con fatigas de prosa.


Hay en el mundo una mujer, acaso la más triste, sin duda la más bella,

Protégela, Señor, sin vacilar; es ella.


Y si eres realmente Dios y puedes más que mi amor,

Ayúdame a cuidarla de todos los peligros, Señor.


Señor, te estoy mirando con los brazos abiertos.

Quisieras estrechar todos los hombres y todo el universo.


Señor, cuando doblaste tu cabeza sobre la eternidad

Las gentes no sabían si era de tus ojos que brotaba la oscuridad.


Las estrellas se fueron una a una en silencio

Y la luna no hallaba cómo esconderse detrás de los cerros.


Se rasgaron las cortinas del cielo

Cuando pasaba tu alma al vuelo

Y yo sé lo que se vio detrás; no fue una estrella,

Señor, fue la cara más bella,

La misma que verías al momento

Si rompieras la carne de mi pecho.


Como tú, Señor, tengo los brazos abiertos aguardándola a ella.

Así lo he prometido y me fatigan tantos siglos de espera.


Se me caen los brazos como aspas rotas sobre la tierra.

¿No podrías, señor, adelantar la fecha?



Señor, en la noche de tu cielo ha pasado un aerolito

Llevándose un voto suyo y su mirada al fondo del infinito.

Hasta el fin de los siglos seguirá rodando nuestro anhelo allí escrito.


Señor, ahora de verdad estoy enfermo

Una angustia insufrible me está mascando el pecho.

Y ese aerolito me señala el camino.

Amarró nuestras vidas en un solo destino.

Nos ha enlazado el alma mejor que todo anillo.


Señor, ella es débil y tenue como un ramo de sollozos.

Mirarla es un vértigo de estrellas en el fondo de un pozo.



Los ruiseñores del delirio cantaban en sus besos,

Se llenaba de fiebre el tubo de los huesos.


Alguien plantó en su alma viles hierbas de duda y ya no cree en mí.

Pruébame que eres Dios y en tres días de plazo llévame de aquí.


Quiero evadirme de mí mismo.

Mi espíritu está ciego y rueda entre planetas llenos de cataclismos.



Mi vida también sangra sobre la nieve,

Como un lobo herido que hace temblar la noche cada vez que se mueve.


Estoy crucificado sobre todas las cimas.

Me clava el corazón una corona de espinas.


Las lanzas de sus ojos me hieren el costado


Y un reguero de sangre sobre el silencio te dirá que he pasado.


Hace unos cuantos meses, Señor, abandoné mi viejo París,

Un extraño destino me traía a sufrir en mi país.


Hace frío, hace frío. El viento empuja el frío sobre nuestros caminos.

Y los astros enrollan la noche girando como molinos.


Señor, piensa en los pobres inmigrantes que vienen hacia América de oro.

Y encuentran un sepulcro en vez de cajas de tesoros.


Ellos impregnan las olas del ritmo de sus cantares.

La tempestad de sus almas es más horrenda que la de todos los mares.


Míralos cómo lloran por los seres que no verán más;

Les gritan en la noche todas las cosas que dejaron atrás.


Señor, piensa en las pobrecitas que sufren al humillar su carne,

Las nuevas magdalenas que hoy lloran el dolor de tu madre.


Agazapadas al fondo de la angustia de su absurda Babel,

Beben lentamente grandes vasos de hiel.


Señor, piensa las espirales de los naufragios anónimos.

En los sueños truncados que estallan en pedazos de bólido.


Piensa en los ciegos que tienen los párpados llenos de música y lloran por los ojos de su violín.

Ellos frotan sus arcos sobre la vida en una amargura sin fin.


Señor, te he visto sangrando e los vitraux de Castres,

Como mil mariposas que hacia los sueños parten.


Señor, en Venecia he visto tu rostro bizantino

Un día en que el aire se rompía de besos y de vino.


Las góndolas pasaban cantando como nidos

Entre las ramas de olas, siguiendo nuestras risas hacia el Lido.

Y tú quedabas solo en San Marcos, aspirando las selvas de oraciones.


Que crecen a tus plantas en todas las estaciones.


Señor, te he visto en un icono, obra de un monje servio que a pintar tus espinas.

Sentía toda el alma llena de golondrinas.


En la historia del mundo ¿qué significas tú?

Hace un año y medio discutí este tema en un café de Moscú.


Un sabio ruso no te daba mayor importancia.

Yo decía haber creído en ti en mi infancia.


Una bailarina célebre por su belleza

Decía que tú eres solamente un cuento de tristeza.


Todos te negaron y ningún gallo cantó.

Acaso Pedro oyéndonos lloró.


Y al fondo de una vieja Biblia tu sermón de la montaña

Seguía resonando de una manera extraña.



Señor, yo también tengo mi vida dolorosa, mis caídas y mi pasión;

Saltando meridianos como un tigre herido sangra y aúlla mi corazón.


Reina el amor en todas sus espléndidas catástrofes internas,


Mil rubíes al fondo del cerebro atruenan,

Y las plantas del deseo bordan el aire de estas noches eternas.


Poeta, poeta esclavo de aventuras y de algún sortilegio,

Soporto como tú la vida, el mayor sacrilegio.


Señor, lo único que vale en la vida es la pasión.

Vivimos para uno que otro momento de exaltación.



Un precipicio de suspiros se abre a mis pies; me detengo y vacilo.

Luego como un sonámbulo atravieso el mundo en equilibrio.


Señor, qué te importa lo que digan los hombres.

Al fondo de la historia

Eres un crepúsculo clavado en un madero de dolor y de gloria.


Y el arroyo de sangre que brotó en tu costado
Todavía, Señor, no se ha estancado.


ESTRELLA EBRIA

Maldito poeta,
estrella ebria.
Su ciclo incierto
de ignoto avistamiento.

Aparecido como en sueños
perdidos entre senderos.
Ya no extrañas los brazos ajenos

Y de tu boca antes taciturna
comienzas a corear una cancioncita absurda.

Sin embargo, al avanzar el día
vuelves a recordar las mil despedidas
que trae consigo el viaje.
Buscas perderte impotente en el paisaje.

Recuerdas que prometiste ya no mirar sobre lo andado,
salvo si es en palabras.
Con ellas remueves la escarcha
de los días malos.

Se hace mas ligero el aire en las alturas,
tu cabeza se libra de la amargura tan absurda
que es lamentar lo abandonado.

En otra vida ya te despediste de un tal Lautaro
También del insecto que atraviesa los sueños,
la mujer donde habitan rostros griegos
y la esquina de donde llegaba un gato.
Hechos tan horriblemente cotidianos,
que sigues avanzando a lo incierto.

Lo tuyo habla de un horizonte
más rojo que el corazón de una loica
De cometas atravesando del cielo el desconcierto.
De palabras cubiertas por la luna
De silencio de esquinas y sombras
Unos tacos negros rompiendo el pavimento.
La risa que raja la tiniebla gatuna.

Maldito poeta, estrella ebria:
Va cargada de pájaros tu corona,
Ríes al saberte tan solo como el sol,
porque al no saber despedirte, te inventas historias.
Y como un bosque descubierto a través de la niebla,
TU MIRADA EN LOS ÁRBOLES SE VUELVE SOBRIA.

jueves, 11 de abril de 2019

Notas sobrias de un cuaderno azul


Han pasado dos noches desde que decidí no seguir con la flaca, nunca tuvo nombre lo nuestro, creo que no hacía falta, pero de pronto ella se acostó con un tipo, y luego con su ex y la realidad fue evidente: no andamos buscando lo mismo.

Dolió mucho saberlo, ella me lo contó por teléfono ayer: que no fue nada importante, que lo del ex fue tóxico y cree que no volverá a hacerlo, etc. Siento que sabía todo esto de antemano, lo sentía en su silencio, sus fotos; lo que podía darme en la distancia.

Al regresar a la ciudad, me sentí muy perturbado, muy triste. Olía el fin y no podía nombrarlo. Me la encontré andando solo en un bar, ella andaba con un amigo. Se puso nerviosa y me ocultó su rostro, luego nos abrazamos y su olor, su porte, su voz, todo me parecía distinto. No hablamos esa noche. Era jueves.

Al día siguiente, le pedí verla. Nos juntamos en su casa, intenté dar con las palabras, le dije que me dolió lo que pasó y no sabía por qué; que estaba en un momento de mi vida donde estaba tomando decisiones importantes y que quería construir algo con alguien, que de andar a la deriva había tenido suficiente. Ella dijo que no estaba dispuesta a eso. Estuve pronto a llorar, mi cuerpo temblaba y quedaba sin fuerza. En ese momento pensé en su cabello.
/Lo arruiné, rompí la burbuja y la magia, podría haber seguido ignorando lo que sentía, muriendo de inseguridad por dentro y siendo inmensamente feliz a ratos./
Le miré y vi la pena que le causaba verme así, pero venía saliendo de una relación difícil de 7 años, no quiere dramas, ya fue suficiente, quizás aun no se ha dado el tiempo de vivir los duelos. /Las voluntades discrepan/. Nos abrazamos de nuevo, la sentí tan cerca, tan igual. Sentí su cabello y besé su cuello; un hombro; una clavícula. Tomó distancia. Nos abrazamos de nuevo, se repitió lo anterior. Un momento soñado seguido de un silencio incómodo. No sé cuando me fui.

A la noche siguiente volví. Nuestros cuerpos se encontraban en paralelo, sin tocarse. Ahora es ella la que no sostiene la mirada. Me recordó esa tarde de otoño cuando escuchábamos suave música mirando el atardecer, tomando mate, cubiertos por mi frazada. Ese día vencimos al mundo; una mujer nos lo hizo saber, nos dijo que lucíamos muy bien sentados ahí juntos, sólo eso. Y siguió su camino.Son ese tipo de recuerdo los que uno quiere volver a vivir una y otra vez, como reír desnudos en la cama a la luz de la luna.

En fin, quería oírme, que le contara algo; sé que gusta mirarme cuando hablo. Pero no tenía nada bueno que contar, mi vida se ha suspendido en las últimas semanas. No dejó que me quedara en su casa, pese al frío y a mi insistencia. Que no era mal rollo. Me fui solo.

No puedo decir nada más de entonces. Ahora, una presión desde distintos puntos en el estómago, ganas de entregar tanto, las lágrimas esperan en la garganta. Ojalá un buen día me busque y antes yo me encuentre. Nuestras pieles se entendían tan bien, ese registro queda. Igual siento que me alejé de alguien con quien pude haber creado y construido bellezas. No es el mismo desgarro que sentí con Violeta. Pero sus cuerpos se entendían tan bien con el mío, que volver al propio, sobre todo maltratado por el sedentarismo que fuerza la lectura, es difícil. Como retrotraer toda esa energía y no caer en sufrimiento innecesario.

Que esa energía siga fluyendo y no se detenga: Crear irresponsable.

Martes 18 de Julio, 2017.