Maldito poeta,
estrella ebria.
Su ciclo incierto
de ignoto avistamiento.
Aparecido como en sueños
perdidos entre senderos.
Ya no extrañas los brazos ajenos
Y de tu boca antes taciturna
comienzas a corear una cancioncita absurda.
Sin embargo, al avanzar el día
vuelves a recordar las mil despedidas
que trae consigo el viaje.
Buscas perderte impotente en el paisaje.
Recuerdas que prometiste ya no mirar sobre lo andado,
salvo si es en palabras.
Con ellas remueves la escarcha
de los días malos.
Se hace mas ligero el aire en las alturas,
tu cabeza se libra de la amargura tan absurda
que es lamentar lo abandonado.
En otra vida ya te despediste de un tal Lautaro
También del insecto que atraviesa los sueños,
la mujer donde habitan rostros griegos
y la esquina de donde llegaba un gato.
Hechos tan horriblemente cotidianos,
que sigues avanzando a lo incierto.
Lo tuyo habla de un horizonte
más rojo que el corazón de una loica
De cometas atravesando del cielo el desconcierto.
De palabras cubiertas por la luna
De silencio de esquinas y sombras
Unos tacos negros rompiendo el pavimento.
La risa que raja la tiniebla gatuna.
Maldito poeta, estrella ebria:
Va cargada de pájaros tu corona,
Ríes al saberte tan solo como el sol,
porque al no saber despedirte, te inventas historias.
Y como un bosque descubierto a través de la niebla,
TU MIRADA EN LOS ÁRBOLES SE VUELVE SOBRIA.
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