Yo de Angelo puedo decir palabras muy amables, fue él con quien compartí escenario la primera vez que decidí leer mis diarios íntimos con un público, y que tiempo después decidí llamarle poesía.
El Ángelo ya era medio conocido en ese entonces, hartas veces me lo topé por algún bar o evento al aire libre en Valparaíso. Aunque, si mi cabeza no me engaña, la primera vez que lo ví fue hablando con Camila en tinte coqueto.
Hoy lo volví a ver, y con la suerte de la que goza el músico reconocido, se le veía con aire seguro. Admirado y frecuentado por jovencitas de constitución admirable. Ángelo se regocija y, en el afán de romper esa dialéctica que se da entre el que está en el escenario y el público, se muestra humilde y luce nervioso por presentarse una vez más con su arte.
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