- escrito después de despertar de una siesta al lado del río Cautín.
Anoche fui a una lectura de Lemebel, esperé con quien debía juntarme en un restaurant que quedaba al frente, aunque más que un restaurant era una cantina vacía, oscura; sólo un grupo de viejos estaban en la única mesa usada. A la mesera le gustaba mucho hablar, no conmigo, sino con gente que pasaba por la calle... conocidas suyas, supongo. Pedí un schop de cerveza y, bebiendo muy lentamente, leí 'Detectives salvajes' (préstamo de una amiga) mientras caía la noche. Debió haber sido una escena muy particular -o quizás muy repetida- el haberme podido ver desde fuera; de frente al entrar por esa puerta.
La hora llegó, pagué mi cerveza y crucé la calle, me encontré con Paula y unos amigos, entramos, en el grupo había una chica guapa con un corte ská; hablamos mucho, sólo hacíamos pausa cuando comenzaban las lecturas. Hablamos de amor y de viajes; de amores esporádicos y libertad. De improviso Paula se fue a sentar a la mesa contigua, yo esperé un momento prudente para seguirle -acaso la intimidad de quedarnos solos con la chica ská en esa mesa me intimidó-: en esa mesa todos reían y hablaban fuerte. No tardé en darme cuenta que eran todos poetas, además de un editor que estaba evidentemente borracho. "Quiero leer lo que escribes", me dijo en un par de ocasiones. Le pregunté a todos si registraban sus publicaciones; todos me dijeron "no".
Una poeta, Natalia, me explicaba cómo había que hacer en el acto poético; en qué consistía. Era -básicamente- lo siguiente:
"Tu percibes algo, y debes entregarlo de la forma más clara a tus lectores. Por lo que un poema puede y debe tomar todo el tiempo que haga falta para que esté listo, aunque tarde meses".
Todo esto, que lo resumí, me lo decía con ademanes exagerados de brazos que -temía- me podían golpear por accidente o intencionadamente si yo decía algo que le pudiera parecer estúpido. Por lo demás, yo no suelo editar mis poemas; muchos de ellos me han sido dados por entes ajenos en momentos extáticos y, cuando ha sido así. el editarlos hace parecer que los estoy traicionando, salvo algunas ediciones sobre errores sintácticos o gramaticales, todo queda intacto.
"Yo siento que el poema pierde fuerza cuando se lo edita mucho" Le dije. A lo que ella lo pensó un momento y me respondió más o menos lo mismo que me dijo anteriormente. "Entonces la poesía es un acto comunicativo", dije. Ella no respondió.
El editor bebía cerveza negra a grandes sorbos, reía fuerte y sus ojos estaban vidriosos. "¡¿Cual es el acto poético?!" le grité un poco, preguntándole. Ella, Natalia, dijo "Es transformar lo que sientes; lo que te llega en palabras y comunicarlos de la mejor forma posible" dijo, ya más calmada mientras el garzón le servía una cerveza artesanal.
Al día siguiente, durante la tarde, desperté de una siesta bajo el sol, me dormí arrullado por el canto del río. Por donde sea que mire no hay ningún ser humano, sólo autos cruzando el puente a poco más de un km. de donde estoy. He visto, en cambio, muchas lagartijas... muchísimas al lado del sendero. También una pareja de golondrinas -creo-, cosa curiosa pensando que es otoño en el walmapu; bandadas de treiles; un escarabajo solitario; un ave blanco y negro con las piernas largas y muy rojas; acaban de pasar patos, también una avioneta gris. Estos días he visto descender muchos aviones, probablemente militares. Estoy preocupado por las medidas que pueda seguir tomando el Estado chileno contra los peñi y las lamngen.
Espero que el día que muera pueda sentir esta brisa, este sol, el canto tranquilo del agua: podría pensar que este registro no cabe en ninguna máquina, no hay forma de transmitir este tacto a través de un dispositivo. Quizás por ahí va lo que significa la memoria de la carne.
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