Queriéndome ahogar en los versos
de tus labios, náufraga.
Con la mirada tirante como un hilo de fuego
que se desvanece al primer soplo de otro viento.
Uno imaginado en soledades y desencuentros.
Rogando oír tus gemidos desesperados
de ahogada huérfana de consuelo
que vuelvas a respirar,
que descanses en mi pecho.
Que nazcas de nuevo al suspirar
hundida en esta piel
hasta volvernos gemelos siameses
unidos por el sexo.
Gemela y sombra infiel,
de un lenguaje amoroso cargado de símbolos de desesperación
Bautizada en versos que cantan a la ausencia y el desasosiego.
No, no se muere por extrañar.
Se muere por renunciar a la vida;
Brutal presente lleno de enseñanzas.
Se muere en la nostalgia
que insiste en nacer en medio de tus piernas
Se muere en la madurez
de aferrarse a una imagen intratable,
mirando de reojo al mismo espejo
que guarda al fantasma que de un suspiro nos roba el alma.
No, no se muere realmente.
Sólo abandonamos diversas formas
aunque el vértigo muchas veces nos ahogue
y sintamos por vez primera
los estertores de todos los amantes perdidos
vagando por los pasillos
de noches sin piédad.
Si sólo la piel pudiera recordar,
sabríamos de inmediato que basta una noche
para amarse en la totalidad.
Si contásemos con el fiel reflejo
bajo una lámpara ermitaña
que supiera darnos sin palabras
a través de un rostro solemne de total entendimiento
la verdad de nuestras almas desesperadas:
seríamos sacerdotes apoyándonos las espaldas
sobre pieles náufragas venidas del Estrecho de felinos en celo.
Sabiéndonos metales pesados
precipitándose por la alquimia de todo abismo;
regalando sin reparo todo con cuanto contamos:
Nuestra sangre colmada de valentía insolente que nada gana;
retirados de todos los fuertes;
agonizando en playas:
Mano con mano unidas en un orgasmo,
y la mirada ciega de cualquier horizonte.
Recordaríamos todas las trampas,
pero no tendríamos la dicha que nos regala esta ignorancia.
La de pedirte, una vez más,
que montes esta barca
antes de que el viento sople destemplado
la verdad desesperada de esta boca que te mira de frente
y ruega a tu lengua que lama mis heridas hasta desvanecerme completamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario