sábado, 6 de febrero de 2021

 Queriéndome ahogar en los versos

de tus labios, náufraga.

Con la mirada tirante como un hilo de  fuego

que se desvanece al primer soplo de otro viento.

Uno imaginado en soledades y desencuentros.


Rogando oír tus gemidos desesperados

de ahogada huérfana de consuelo

que vuelvas a respirar,

que descanses en mi pecho.

Que nazcas de nuevo al suspirar

hundida en esta piel

hasta volvernos gemelos siameses

unidos por el sexo.


Gemela y sombra infiel,

de un lenguaje amoroso cargado de símbolos de desesperación

Bautizada en versos que cantan a la ausencia y el desasosiego.


No, no se muere por extrañar.

Se muere por renunciar a la vida;

Brutal presente lleno de enseñanzas.


Se muere en la nostalgia

que insiste en nacer en medio de tus piernas


Se muere en la madurez

de aferrarse a una imagen intratable,

mirando de reojo al mismo espejo

que guarda al fantasma que de un suspiro nos roba el alma.


No, no se muere realmente.

Sólo abandonamos diversas formas

aunque el vértigo muchas veces nos ahogue

y sintamos por vez primera

los estertores de todos los amantes perdidos

vagando por los pasillos

de noches sin piédad.


Si sólo la piel pudiera recordar,

sabríamos de inmediato que basta una noche

para amarse en la totalidad.


Si contásemos con el fiel reflejo

bajo una lámpara ermitaña

que supiera darnos sin palabras

a través de un rostro solemne de total entendimiento

la verdad de nuestras almas desesperadas:


seríamos sacerdotes apoyándonos las espaldas

sobre pieles náufragas venidas del Estrecho de felinos en celo.

Sabiéndonos metales pesados

precipitándose por la alquimia de todo abismo;

regalando sin reparo todo con cuanto contamos:

Nuestra sangre colmada de valentía insolente que nada gana;


retirados de todos los fuertes;

agonizando en playas: 

Mano con mano unidas en un orgasmo,

y la mirada ciega de cualquier horizonte.

Recordaríamos todas las trampas, 

pero no tendríamos la dicha que nos regala esta ignorancia.


La de pedirte, una vez más,

que montes esta barca

antes de que el viento sople destemplado

la verdad desesperada de esta boca que te mira de frente

y ruega a tu lengua que lama mis heridas hasta desvanecerme completamente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario