Qué injusto resulta tener a la escritura sólo como refugio; los poemas mal envejecen o falsas promesas que se repiten más de una vez en las agendas ya llenas de letras, de años que a sus ojos se ven tan iguales.
¿Cuándo se escribe desde la alegría? ¿Desde la rutina o el aburrimiento? De la observación de un lugar cualquiera, qué se yo.
Siempre la pena, la agonía, la ausencia, como que después de un tiempo parece que se agota. Quizás por eso lo dejé tanto tiempo. Escribir, no la pena. Ojalá fuera eso.
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