martes, 30 de marzo de 2021

A una diosa pagana

Entre limbos de súbito destello, penetrados por las nubes, dormíamos abrazados hasta el mediodía del cielo.

Sentías mi negro corazón de águila desplumada por tus dedos

estremecerse ante el frío y la irrealidad

del fuego.

Porque no puedo creer cómo aun sigo atónito

a esta aparición de carne y alma que sin saber consciente invoco.


Si tan sólo pudiera disolverme,

diáfana,

en medio del placer que arroja todo oasis en calma

Acaso adivinara la alquimia que guardan todos los cuerpos

que se lanzan ingrávitos

sobre la suavidad de todos los tiempos.


Probamos, impávidos, lo que guarda la carne tras la carne...

y la sangre que se vierte sobre cálices sagrados

preparados por sacerdotisas de Ishtar entre las piernas de la diosa.

Podría vertirse en mi boca sin quemarme

y hacer de pluma el pavimento que azota pies desnudos

y abandonara la marea el afán de mancillarme

con tan sólo dejarnos acariciar por nuestros perdidos versos.


Y mil manos que me abrazan

Mil bocas que desgarran la conciencia

suben sin saber donde voy


El aire se aligera

Las manos se asemejan a arreboles

sobre un lomo de cordillera de plata.


Y entre tu pecho -señor mío- anidábamos en un tiempo sin tiempo;


Nuestra alma indisoluta, Ishtar:

¿Vuelve a tí como polvo de huesos?

¿O somos un sólo planeta errante de un espacio de negro cielo?


Oscura luminiscencia

Sabor de la piel mineral que vuelve ingrávita sobre una estrella.


Faro que revela su luz a través de la niebla:

Te cantaban canciones para hallar la calma de la noche.


En el calor de impecables sábanas te abrazaban las más dulces tribulaciones que puede dar la infancia.


Hoy podrán desgarrarnos palabras aterrorizadas,

pero a la vuelta de aquellos viajes

aprendimos a sortear toda infamia


y dar gracias, sencillamente, por dejar de lado toda sustancia

flotando nuestros cuerpos sobre la superficie tibia que hoy nos cobija, Ishtar, mi amada.


Un santo día, cuando arda de nuevo la torre de Alejandría,

el calor y el aire buscarán otra morada

más allá de la epidermis y el papiro que de todo mal se contagia.


Liberados, entonces, de toda luz

daremos gracias, sencillamente


Gracias


Gracias


Una sonrisa pálida da las gracias

 al amanecer de esta edad oscura.


Teniendo las nubes por lecho


Quemarán ojos absortos cenizas nuestras.


Una leyenda que nadie recuerda

sobre un paisaje hermoso se dibuja;

un río prístino

y el vapor que de su cauce aleja

rastrojos de alma que brotan de una cascada:

la orina que hoy derramas

nos besará bajo tierra:

oídos impíos ignoran lo que guardan nuestros versos.


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