viernes, 4 de abril de 2025

Un pueblo de un solo habitante

 Dibujé una ruta

un camino

de algo que no llega

porque es horizonte

y el horizonte es paisaje.


Un cielo rosa,

un bosque nativo,

las aves,

las bestias piadosas, minerales,

donde todos nosotros fuimos árboles

hasta que fuimos otra cosa.


Éramos ese tren que trae la leche, la lluvia que nace de repente, el trigo y la leña.

El abrigo para cubrirnos del tiempo, el pan de la mañana, la mantequilla y el mate, la tetera caliente sobre la estufa a combustión lenta:

el cobijo de la vida.

Que a mí no llega

o si llega, se me hace indiferente,

si no trae el abrazo en la cama,

lábil sol de noche             después del destello y el abismo.

Y así, bruscamente, la espera bucólica

del que a su casa llega de un largo viaje y no hay quien le espere

Ni siquiera un destello de brasa ahogado en la chimenea

nacido de este durmiente.


Asiduo en la espera,

ni el calor me abriga

y el sonido de la noche

no es más que el desvelo

de este, un pueblo de un sólo habitante.


Para empezar, ¿quien vendrá a visitarme?

Si no es tu pelo llegando cuando quiere

Para este espectro que tal vez no es bueno ni cierto,

pero es lo que quiero.

/Para mí y para nadie/

Un pueblo de dos habitantes o la noche que  se apaga en desorden.

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