viernes, 29 de noviembre de 2019

muéstrame el alma del alma
el sueño olvidado de la infancia.
Si el atardecer es eterno
el tiempo deja de estirarse



martes, 26 de noviembre de 2019

Capicúa

No me impresiona la ciudad ni los estupefacientes que puedo encontrar en algún pasaje.
Ni la cerveza que chorrea por las paredes del centro cada fin de semana.
Ni conformarnos con los atardeceres de otoño que suspenden los edificios como en sueños.
Ni la lluvia que la limpia
Ni el silencio que cobija la noche en algunos lugares afortunados
Ni el calor de un lecho desconocido

¿DE QUÉ FIERAS NOS ACOMPAÑAMOS POR NO SABER QUÉ ES LA SOLEDAD?

¿Somos, como dijo alguien, el infierno de los demás? porque, de ser así, debemos volvernos radicales.
Y apartarnos; huir como los leprosos a una isla del conocimiento en la que es difícil sanar.
Aceptar que la esfinge en la que hemos revelado el enigma es implacable
Y nos hemos puesto en su lugar.

Sólo así, tal vez, olvidar lo aprendido y sospechar que el pensamiento es baladí,
que hemos cargado durante mucho tiempo la memoria de nuestros muertos y que, de estar vivos, les resultásemos despreciables, porque el camino andado nos ha llevado lejos de ellos.

Porque la ciudad donde nos hemos criado ha quedado atrás,
porque el tiempo corre implacable y el corazón va abandonando toda duda.

Es ESTO o la narcosis de algún tugurio;
de esos que se encuentran en algún pasaje
O de esos venenos que se hallan cada fin de semana chorreando por las murallas
para olvidar la resaca que es vivir en la ciudad.

En la sala de espera (micro cuento)

Salgo de clases y voy al hospital. Tras la puerta sale una puta vieja buscando a su compañero; lleva un escote con el pecho bien apretado, un chaleco de malla amarillo -con hoyos de polilla en la espalda- que no abriga nada, zapatillas deportivas y una cartera roja. En definitiva, una puta vieja y pobre saliendo del salón de control de infecciones sexuales al que entraré yo en un momento. Para ella; un trámite. Para mí, algo casi innecesario y molesto, acaso un karma. Su compañero se ha ido, pregunta a la gente del pasillo: "¿Han visto una cosa chica por ahí?", se da media vuelta y camina, se divierte paseando en busca de su hombre hasta que no la veo más.

Acá los minutos se extienden de forma infinita, la luz artificial no deja ver la hora del día, y el pasillo se va vaciando cada vez más hasta hallarse vacío mientras nombres de desconocidos se oyen al abrirse o de algún parlante a lo lejos confundido entre el eco de este laberinto.

De pronto, veo a la puta de nuevo; brilla de una forma extraña en este paisaje gris de cerámica. Se le acerca una mujer pequeña, ahora entiendo, era una compañera lo que buscaba.

Faltan las ganas


Aun el fuego está encendido.

Aun sangran los colores purpúreos a través de mis venas.

 Basta encontrarla a ella,
a la mujer improbable,
en sueños para recordar cómo se ama plenamente. 

Muchas veces he pensado en matarme, los años han sucedido sin mayores sorpresas.

Yo siempre huyendo, huyendo. 
Oyendo las mismas canciones, 
o cuando me las encuentro o, más bien, me encuentran; queman en la fresca piel blanquecina por el invierno.

¡Qué pocas ganas de todo!

 Dormiría días enteros, con sólo lo suficiente para no morirme de hambre. 

O acaso simplemente huir a las montañas o amar con locura absoluta.
Tengo Puerto Fuy tatuado en la memoria, 
tengo la sombra de los árboles que me cobijan del sol, 
tengo la brisa cordillerana que anuncia el fin de la tarde.
Tengo cargado sobre las venas el peso de mil amores que he llevado por rutas infinitas.

¿Dónde estás? ¿Habrá una nueva carta siendo protegida por una araña de rincón?

Bien cuando pienso que todo ha pasado, los sueños asaltan: 
Son tan felices nuestras caras, tan liviano el pavimento. 
No importa que cargue los mismos zapatos que hoy me destrozan los pies al ir al trabajo. 

y ENTONCES

Fuimos cómplices de la poesía, porque no había objeción relativa capaz de suspender nuestras miradas
O sujeción objetiva
U Observación subjetiva
Ni réplica, ni palabra, horario o conjuro que supiera separarnos del todo.

Pero eso ya pasó, como los domingos y las enredaderas de piernas, o tu mirada enseñándome a mirar; enseñándonos cómo suspender el amor en ese delgado alambre de cobre que fueron nuestras miradas frente a frente, porque la belleza venía a cobijarnos cada vez que te veía. 

 Pero esos son años añejos, y el cuerpo tal vez no sea el mismo, y no sé si quede algo después del cuerpo. O la memoria de otro cuerpo tras 7 años, como dicen los sabios. 

¿Cuánto tiempo me queda? No quisiera contarlo. 
Ni los días porvenir a un nuevo encuentro, 
o un nuevo pasatiempo que me cobije del frío y de la compañía que no quiero. 
Pero el sueño asalta potente, y hace ver el presente irremediable, inicuo, despreciable.
Esos sueños son como vivir todo de nuevo, y veo la piel rejuvenecerse y corazones más rojos.
Y ya pierdo las ganas de seguir escribiendo, porque no tengo el calor de tu aliento
Y ya lugares comunes que bien entiendo, porque sé dónde puede terminar la noche por este camino.

¿Qué es esta falta de ganas de todo?
¿Qué es esta falta de ganas de todo, menos de tu amor bravío?

jueves, 14 de noviembre de 2019

Nunca puedes arrebatarle

-En memoria a Camilo Katrillanca en el aniversario de su inmortalidad.


I.
Hay bestias sueltas en las calles
Miedo y cocaína es su alimento
Nos prefieren muertos
Nos prefieren ciegos

A veces, también, vienen a vernos en sueños.

Pero no saben que en el desvelo
en el temor a la cárcel
Y al propio cuerpo reventado por los golpes
seguido del falso fusilamiento,
No puede devolvernos a nuestros muertos.

Porque las calles hablan
porque el cuerpo ruge
y pide
algo más que sangre

Porque ya ojos para ver no faltan
de lo que siempre nos privaste
Asesino infame
Porque mataste a Katrillanca desarmado y por la espalda
Asesino impune
Y podíamos verte baleando al pichikeche en su casa mientras duerme.

Y si es este un mundo primitivo sin justicia ni futuro
Y acaso nunca mi nombre o el de Camilo
sean dicho de nuevo,
te advierto:

Que esa falsa paz que defiendes,
quimera zurcida en pesadillas,
acabará el día en que veas a tu hijo morir de sed
Cuando ya nadie te financie
por perseguir al valiente
que desarmado salió a la calle
a salvarnos de la hecatombe.

II.
Pero si entonces, sólo uno de los nuestros vive, sentirá en el horizonte
que nuestros sueños son más grandes que cualquier arma
y nuestra esperanza es el bosque
donde correrán descalzas del miedo nuevas almas

Y palabras como "policía" serán ajenas
a cualquier lenguaje.

Y las sirenas, un día,
 pondrán fin a su vuelo ciego.

Y sólo los pájaros serán dueños de la noche
Y sólo el fuego que hay en nuestros pechos iluminará la milenaria espesura
olvidando los días en que se privatizaron los mares.

Sólo entonces ningún muerto será en vano,
Y todas las balas serán devueltas.

Y después de todo esto
Si alguna mano que alzó el puño en alto sigue caliente
conocerá la ternura de las flores;
de la primavera que a nuestros pechos
Nunca pudiste arrebatarle.