A .... por invitarme a conocer sus viajes astrales
Neo Gaudí se dibuja sobre un desierto, el mapa de una ciudad palacio donde todos son viajeros.
Sólo quien esté consciente de su hilo de plata no se perderá en filas de árboles infinitas que acompañarán el asfalto de una carretera que se liquida en las dunas.
Así también los árboles donde los últimos figuran su silueta en alguna colina remota. Si se mira atent@, verás que sus frutos son ampolletas que iluminan en una niebla compuesta de polvo de raíces secas y pequeñas partículas de arena precámbrica.
Tras todo esto, y en un espectáculo incontable y silencioso de un hábitat tan distinto al nuestro, titilan las luces del Neo Gaudí, morada de muchos viajeros que buscan lo incierto. Y entre sus torres, pisos, habitaciones y pasillos se divisa algún muerto, aunque llamar muerto a uno de estos pasajeros es blasfemo: todo vive en este hotel onírico; todo evoluciona y toma nuevas formas. Tal como los pasillos semejantes a los vientres de gusanos de colores, habitaciones que transforman la escala de las cosas y pisos inferiores que se estrellan contra un mar congelado, imposible y sin sonido, que los beduinos llaman Jarkis.
Todo lo que pueda soñarse habita en este hotel. A no olvidar los pisos subterráneos de las fantasías sadomasoquistas; orgías que estriban desde fiestas electrónicas y neón a aguas termales dentro de enormes habitaciones de mármol riquísimas en vegetación que brillan por su simpleza y cantos de sirena.
Los pisos superiores están reservados para quienes vayan en busca de horizontes más amplios; ceremonias del té de Ayahuasca donde la conciencia se diluye en el colectivo; los libertinos afirman que las orgías son otro camino hacia lo mismo.
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