Entregarse al placer absurdo de desperdiciar el tiempo en algo tan inútil como escribir un poema mientras los días caen como lluvia.
Embriagarse de ocio, esa es la cuestión.
Llenar los días con calma en gestos tan sencillos como tirarle la cola a un gato o destapar una báltica antes de almuerzo sin pensar en qué vendrá más tarde.
Perdonándome el no saber haber crecido según demanda el tiempo
o la suerte de tener un padre o no,
La mejilla sin besar por el traidor
Ni la suerte de la patria infame
Que demanda a sus hijos una gota de sangre
Amén de cualquier dios.
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