vamos a escribir los versos de este año con sangre
viernes, 25 de diciembre de 2020
lunes, 16 de noviembre de 2020
envidio
no naciste con un pelaje divino ni con alas llena de atardeceres
Eres la bestia lampiña condenada a contemplarlo todo de miles de formas, para luego olvidarlo y seguir adelante
Para sentir tu cuerpo atravesando la experiencia de vivir con ojos despiertos infinitas historias contadas en la boca de los muertos;
te inventas mil y un artefactos para entretenerte, ocupar tu tiempo, emborrachar la mente.
Sabores que se suceden, experiencias que abren los psicotrópicos y te revelan nuevas dimensiones,
aunque también hay inventos que se llaman lunes,
antidepresivos
y alcohol.
Te ríes de historias que te inventan otros -para ocupar tu tiempo los miras y ríes medio ahogado, tal vez para no recordar esa realidad que te entubaron por 40 horas semanales con el único propósito de dar tu sangre a cambio de un papel sucio y manoseado- ¿Cuando se acaba esto?
Hartazgo del tiempo suspendido en la pared que taladra el silencio de la noche
o el motor de algún electrodoméstico descompuesto (o en el borde del abismo de hacerlo)
o el desvelo de una mascota que secuestraste de sus padres y sus calles para cantarles tus delirios hacia su aspecto noble e indiferente
"Dame comida hijo de puta" maúlla siempre.
"Dame dinero para comida, hijo de puta" le dices a tus jefes, mientras bailas como un mono capuchino en la calesita donde te han puesto 1, 20, 40 años con una linda vista a algún patio de asfalto. Secuestrado de tu infancia y ese tiempo eterno que se acaba con el colegio e inicia en esa coreografía que taladra tus oídos en los recreos hasta el total lavado de cerebro.
Esa risa absorta que acompaña la corbata que te lleva directo al infierno
y el buen amigo que se consume contigo en la caída.
"De una u otra forma eres mío", te susurra el diablo tirando la cadena.
"Diviértete lo que quieras, mañana vuelves al trabajo...
*seguro alguien quiere sushi al desayuno
*responder una guía de mala gana
*12 canales más de fútbol o lo que sea para ocupar su tiempo.
tú sabes, heroína por grinder o una plaza para gritarle a los transeúntes el verbo divino.
Ruegas por el fin de esto.
que la resaca no es suficiente ni la dosis de hongos de hace dos semanas tampoco
que ni dios ni el vino dan amparo
cuando te cansas de ver un espejo con el mismo paisaje gastado
el espacio y sus cimientos
eterna cadena de ADN que gira sobre sí misma
envidio a los muertos. No tienen ya que lidiar con esto.
jueves, 5 de noviembre de 2020
Detrás de un programa de educación
Las risas de fondo,
alguien sobre unas tablas escondiendo las ojeras.
Un largo invierno estremece los huesos de la conciencia hasta la contracción más intensa
Y luego del sobrecogimiento,
Le sucede el pensamiento de un ruta segura hasta el hartazgo.
Luego el alejamiento del mundo externo.
Lo agradeces, medio muerto ya; aceptas tu destino. No te importa el regreso de lo mismo.
Fetiche/La Parte Maldita - Batallar contra Bataille/ Los libros viejos y los nuevos
Medio muerto entonces, elongas un poco el cuerpo.
Te vas despidiendo de lo que tienes a mano.
"Que ganas de ser un ave" -¿Quién no? Te respondes
Escéptico
Viejo
Viejo, demasiado tiempo en este mundo, te parece.
Escribo detrás de un programa de educación mientras miro mi barba cada vez más cana.
Nada es cierto.
Satisfecho, prendo un tabaco y voy a la cama.
viernes, 2 de octubre de 2020
4 de febrero de 2017
Hoy, siendo cuatro de febrero de dos mil diez y siete, me dí cuenta que siempre me pierdo en los detalles.
Angelo Escobar
El Ángelo ya era medio conocido en ese entonces, hartas veces me lo topé por algún bar o evento al aire libre en Valparaíso. Aunque, si mi cabeza no me engaña, la primera vez que lo ví fue hablando con Camila en tinte coqueto.
Hoy lo volví a ver, y con la suerte de la que goza el músico reconocido, se le veía con aire seguro. Admirado y frecuentado por jovencitas de constitución admirable. Ángelo se regocija y, en el afán de romper esa dialéctica que se da entre el que está en el escenario y el público, se muestra humilde y luce nervioso por presentarse una vez más con su arte.
18 de abril de 2018
- escrito después de despertar de una siesta al lado del río Cautín.
Anoche fui a una lectura de Lemebel, esperé con quien debía juntarme en un restaurant que quedaba al frente, aunque más que un restaurant era una cantina vacía, oscura; sólo un grupo de viejos estaban en la única mesa usada. A la mesera le gustaba mucho hablar, no conmigo, sino con gente que pasaba por la calle... conocidas suyas, supongo. Pedí un schop de cerveza y, bebiendo muy lentamente, leí 'Detectives salvajes' (préstamo de una amiga) mientras caía la noche. Debió haber sido una escena muy particular -o quizás muy repetida- el haberme podido ver desde fuera; de frente al entrar por esa puerta.
La hora llegó, pagué mi cerveza y crucé la calle, me encontré con Paula y unos amigos, entramos, en el grupo había una chica guapa con un corte ská; hablamos mucho, sólo hacíamos pausa cuando comenzaban las lecturas. Hablamos de amor y de viajes; de amores esporádicos y libertad. De improviso Paula se fue a sentar a la mesa contigua, yo esperé un momento prudente para seguirle -acaso la intimidad de quedarnos solos con la chica ská en esa mesa me intimidó-: en esa mesa todos reían y hablaban fuerte. No tardé en darme cuenta que eran todos poetas, además de un editor que estaba evidentemente borracho. "Quiero leer lo que escribes", me dijo en un par de ocasiones. Le pregunté a todos si registraban sus publicaciones; todos me dijeron "no".
Una poeta, Natalia, me explicaba cómo había que hacer en el acto poético; en qué consistía. Era -básicamente- lo siguiente:
"Tu percibes algo, y debes entregarlo de la forma más clara a tus lectores. Por lo que un poema puede y debe tomar todo el tiempo que haga falta para que esté listo, aunque tarde meses".
Todo esto, que lo resumí, me lo decía con ademanes exagerados de brazos que -temía- me podían golpear por accidente o intencionadamente si yo decía algo que le pudiera parecer estúpido. Por lo demás, yo no suelo editar mis poemas; muchos de ellos me han sido dados por entes ajenos en momentos extáticos y, cuando ha sido así. el editarlos hace parecer que los estoy traicionando, salvo algunas ediciones sobre errores sintácticos o gramaticales, todo queda intacto.
"Yo siento que el poema pierde fuerza cuando se lo edita mucho" Le dije. A lo que ella lo pensó un momento y me respondió más o menos lo mismo que me dijo anteriormente. "Entonces la poesía es un acto comunicativo", dije. Ella no respondió.
El editor bebía cerveza negra a grandes sorbos, reía fuerte y sus ojos estaban vidriosos. "¡¿Cual es el acto poético?!" le grité un poco, preguntándole. Ella, Natalia, dijo "Es transformar lo que sientes; lo que te llega en palabras y comunicarlos de la mejor forma posible" dijo, ya más calmada mientras el garzón le servía una cerveza artesanal.
Al día siguiente, durante la tarde, desperté de una siesta bajo el sol, me dormí arrullado por el canto del río. Por donde sea que mire no hay ningún ser humano, sólo autos cruzando el puente a poco más de un km. de donde estoy. He visto, en cambio, muchas lagartijas... muchísimas al lado del sendero. También una pareja de golondrinas -creo-, cosa curiosa pensando que es otoño en el walmapu; bandadas de treiles; un escarabajo solitario; un ave blanco y negro con las piernas largas y muy rojas; acaban de pasar patos, también una avioneta gris. Estos días he visto descender muchos aviones, probablemente militares. Estoy preocupado por las medidas que pueda seguir tomando el Estado chileno contra los peñi y las lamngen.
Espero que el día que muera pueda sentir esta brisa, este sol, el canto tranquilo del agua: podría pensar que este registro no cabe en ninguna máquina, no hay forma de transmitir este tacto a través de un dispositivo. Quizás por ahí va lo que significa la memoria de la carne.
lunes, 28 de septiembre de 2020
Pajaritos
I.
Los pájaros no cantan para ti, mi querido hermano.
Ni tampoco eres la voz que silenció el garrote y la cruz.
La venia no es eterna
y no hay un verso que no se halla dicho antes.
Las hojas se ven mejor en los árboles
y la tinta escurre mejor en el reflejo de un pantano tornasol.
Ni la vida es incompleta
Ni la palabra del poeta encuentra
algún eco que responda a lo cierto.
Por mi parte, soy tan leal como san Pedro en la madrugada del tormento,
y de fe, tengo menos que un fariseo.
Eso sí: sigo creyendo que la mejor palabra se la lleva el silencio
y no acepto discípulo ni compañero que me acompañe al desierto.
Para serle honesto, suelo preferir quedarme en casa viendo el techo.
II.
Los pájaros no cantan para ti, herido ciervo.
Pero las flores devuelven el gesto:
Abren su carne para recibir el cielo
cuando el niño de mirada ausente rompe el pavimento.
No hay tal cosa como el hombre es la medida de todas las cosas:
Nada absoluto es cierto.
Humildemente creo -si alguien me lo pregunta-
que hay que desandar todo lo que hemos cubierto,
desatar los nudos que arman el tejido de algodón y cuero regio.
Moler el cemento es un buen gesto
Para sentarnos a la orilla de los caminos deshechos
y, en silencio, oír el canto de los pájaros celebrar el fin de nuestro tiempo
Que no es para ti, poeta amigo, sino para ellos.
Bajo el volcán
El tiempo se disuelve, infinito, ante mis mortales ojos
¿Qué ha sido del tiempo en este suspenso?
Se reparten los trozos del ser en el octaedro que ahora es una casa,
amplia prisión en este torbellino de encierro y acabo de mundo.
Así, se expanden fragmentos de conciencia,
fragmentos de vacío arrojados en la nada.
Se confunden los días
se mezclan las sustancias;
las comidas echa juntas:
la frágil intimidad que es despertarnos de un sueño.
como alondra en el firmamento,
sobre el laberinto inerme de nuestro encuentro
furtivos de la caza y el invierno.