sábado, 13 de noviembre de 2021

I.

Pasó alguna vez que todos los tesoros de la juventud se abarrotaban en mi pecho

Y salí a navegar, buscando, como un disparo ciego, todos los misterios del mundo.

Bailando como un náufrago solitario sobre un faro, iluminaba mis ojos de amaneceres.

Cubierto por la luna madrugadora, me mecía como un niño entre los vapores ebrios de mi aliento de hambre.

Bañado por mares como espejos, reflejaba mi silueta en la concavidad del cielo.

Amasado por la risa del fuego, soñé una vida calma; los rostros del amor en mi cama. El crepitar del fuego componía el sonido que cobijaba la agonía de mi lucidez.

La infancia fue el destello de un juego fabuloso y saturado de adornos simples como flores y conchitas. Y la muerte era una simple contracción en el estómago, un malestar que se desvanecía al dar vuelta la vista.


II.

Ahora que los frutos que descolgué del árbol del conocimiento en mis manos se han vuelto amargos, me hallo sin más apetito que el que se pueda tener por un trapo hervido dentro de una olla.

Domesticadas las pasiones, trabajo en un laberinto infinito; me pagan por llenar con letras y números cuadraditos diminutos, miles de rostro pasan diciendo:

- ¡Buenos días!

- ¡Provecho!

- ¡Salud!

Sin saber bien qué hago, me he dedicado a desenterrar muertos y ver su cadáver insepulto entre sueños.

A la hora en que los perros lloran, las arrugas en mi rostro me fuerzan a dormirme más temprano,

y los abismos han perdido el vértigo.

Dos poetas tripeados en Puerto Saavedra

 Hemos recibido poesía prístina sin articular una palabra,

susurradas por ángeles a nuestros oídos.

Gritamos los secretos del divino a los cuatro vientos;

no recibimos una respuesta más contundente que una sonrisa.


Volvemos sucios y apestando a humo hacia nuestros hogares

con pasos de boxeador peso pluma

algo más flacos también, caminar bajo el sol sin destino es un trabajo arduo.



sábado, 11 de septiembre de 2021

11 de nuevo y sin llanto

 Es 11 de septiembre y hay toque de queda. Pinocho está muerto, pero la dictadura vive. Primero fueron los milicos y demás ffaa para Octubre del 2019, después el cuento de un virus que se hacía malo después de medianoche. Lo fuimos aceptando de a poco.

Qué triste es poder ladrar sin que nadie te escuche. Contra un pasillo de cemento donde los cráneos se agazaparon huyendo de las lacrimógenas... que ahora está vacía y sólo encuentro el eco de una voz hueca que ríe a fuerza de no gritar.

Hace un par de años rompíamos el pavimento buscando debajo de él las flores que pisoteó el antropoceno, pero las botas y los tanques fueron detrás nuestro, invocando fantasmas que nunca han dejado el acecho, rompiendo en llanto sanguinolento a tantos millones sacrificados en nombre del progreso y la historia.

miércoles, 7 de julio de 2021

Le Soleil



I. Una aureola de fuego cae como lágrimas de júbilo sobre unos gemelos divinos, devolviendo la fuerza a su piel repatriada.

Alargamos amaneceres rosas al sol de los sabores de cada una de las estaciones, acariciando mil manchas tras los eclipses. 

Cicatrices de  barro se dibujan sobre la tierra. Ruinas, retazos inciertos de un suelo movedizo. Disparar un tiro ciego con acierto de infinito.

Vuelo circular de aves rondando un cuerpo en eterno viaje hacia un cielo abierto. Su mirada nos dice; 

- hijos, después de tantos senderos puedo decirles esto: navegando a través de la hiedra surcan infinitas estrellas, confía en la nuestra. Sigue tu camino prístino, dibuja el contorno del alma, de cada sustancia. Ligero aliento de Brahma.

El cuerpo en eterno viaje se disuelve al sobrepasar el sol. 

Sobre la tierra, gemelos divinos se comunican en un lenguaje que no necesita palabras, retumba dentro de la mente de cada uno un canto sagrado que se escucha en el aire: 

- Bajo tu pecho veía salir el sol, años después del día en que decidiste llamarme por mi nombre y orar un padre nuestro y quitarte el pan de la boca para dármelo a mí cuando tenía frío. Pudiste con mis torpezas de infante hasta hacerlas cualidades. Viajando a los países de fantasía donde jugábamos sobre escombros de una estación abandonada en un pueblo perdido.

Los gemelos, mirándose de frente lloran y ríen de anécdotas improbables que se inventaban para sostener la mirada (y te sentía cerca, sólo con tu voz). Los brazos del otro han sido el sitio más seguro donde hallarse.

La voz del sol retumba la tierra que mecidos nos lleva al fondo de su vientre donde renacidos comenzamos cada día nuevo. Nadie tiene dudas de que nos encontraremos de nuevo.

domingo, 11 de abril de 2021

Sensibilidades





Advertencia al lector 

No quiero ni voy a ensalzar un discurso del amor libre que busque glorificar la libertad y el respeto como valores de tan alta estima que son capaces -incluso- de anular otro orden de sensaciones no tan glorificantes como lo pueden ser el sentimiento de incomprensión (tanto sentirse incomprendido como incomprensible); la soledad (cuando el sujeto amoroso parte a alguna experiencia por cuenta propia), los celos que pueden aflorar en relación a dejar de sentirse excluyente (aunque no por eso se pierdan ciertas exclusividades); y, sobre todo, el sentirse quebrado miles de veces por entrar en una forma de relacionarse hacia un ser amado nunca antes vivida: como el primer beso, la primera vez que se toca un sexo que no sea el propio o cuando quema oír "te amo"; bajo el caos de las sensibilidades que me abisman, me atrevo a comparar la intensidad de esas "primeras veces" con la experiencia nueva de vivir -y vivir realmente, no sólo en la entelequia de lo que puede significar- el amor fuera del relato tradicional: Este viaje puede ser muchas cosas, pero no es un terreno seguro; es una aventura llena de riesgos y recompensas. Pero no una conquista; en la conquista y la dominación la dialéctica revela su trampa colonizante; mecánica de la cual está atestado el discurso amoroso tradicional (¿será necesario abdicar completamente a esta pretensión?). 

Quizás el objeto de este ensayo sólo sea probar a un hablante que se hace presente sobre los alcances de una nueva forma amatoria en un momento completamente aleatorio y ese pueda ser el  porvenir de una nueva forma de componer la poesía amante. ¿Tenemos el valor de seguir adelante? 

- Por favor, amado lector, si tienes algo que decirme al respecto, házmelo saber con algún comentario.




Sensibilidades


¿Qué hacer cuando un órgano se encuentra sensible? Posiblemente lo primero sería dejar de estimularlo. Aunque si la conciencia operara como si fuera un órgano, ¿cómo poder anestesiarla por completo? Si en esta vorágine contemporánea nos sobre estimula el deseo irreflenable de satisfacerse todo cuanto es posible. ¿Cómo renunciar, entonces, a esta ética del goce?

Pero pensemos un poco más sobre de qué va la conciencia; entendamos a la conciencia como una intelegibilidad del mundo y de sí misma; dicho de otra forma, la conciencia va experimentándose de forma simultánea a ella misma y al mundo (¡Hola, Hegel!) con esa evolución incesante que implica relacionarse constantemente con estos dos elementos: el sí mismo y lo otro, aunque, si cristalizamos lo otro como una unidad, podemos ver que lo otro se configura de una sucesión de conciencias; una multiplicidad de experiencias que se suceden a ciertas velocidades que -en su acumulación- se encuentran en el tiempo y se van experimentando a través de diversas experiencias en un mismo momento; nunca somos una unidad, menos aún en la experiencia amorosa.  Reducir, entonces, cada experiencia a un nombre particular que separe una experiencia de otra es simplificarla a tal punto que llega a negarse: ya que cuando enfrentamos una experiencia nueva, por muy inédita e imprevisible que esta sea, ya se ha configurado -en algún punto remoto de la conciencia- la posibilidad de que esto podría suceder en algún momento o, al menos, la construcción de un lenguaje previo que pueda ir dando forma a esa experiencia nueva, única e inédita que nos golpea como un rayo: estoy hablando de (la ilusión de) superar una experiencia amorosa con otra, de la carga que trae consigo la experiencia anterior cuando se conoce a alguien nuevo; todo lo que nos frena; lo que sentimos que nos faltó por hacer; lo que fallamos y queremos arreglar, lo que con poco esfuerzo acabamos por olvidar rápidamente: realmente de la persona que se fue nos queda la memoria de la piel junto con el imaginario que nos hicimos de ella. Calculamos  cuánto de eso es real y el resultado es cero, pero no desestimemos el valor del recuerdo o de cómo todas las experiencias de todos los amores dan como resultado una figura, un ideal de cómo hay que amar: tratemos de destruir esa figura, seamos iconoclastas con nosotros mismos.

Ahora pensemos a esa conciencia enfrentada a otra a través del erotismo y el amor; llamémosle a esto dialéctica del amor. Pensemos en cómo ambas conciencias proyectan sobre la otra toda una carga histórica y simbólica sobre qué entiende cada uno sobre qué es el amor y lo que ellos están dispuestos a dar: al menos nos estimularemos buscando el mutuo placer (¿no es así? Lo cierto es que no del todo). Aunque llamarle dialéctica a un encuentro entre dos conciencias, da por hecho que hay una relación de dominación entre una conciencia y otra: no por nada es un enfrentamiento; se ven frente a frente: una mirada frente a la otra; tarde o temprano una ha de cansarse y bajar la mirada: aunque, tal vez muy sutil, hay una relación en esas miradas que enfrentadas deviene en dominación (¿O estamos hilando muy fino?). Y lo que me atrevo a pensar ahora es que el amor visto como dialéctica lo que busca es el control del imaginario de la otra conciencia: apoderarse -todo cuanto sea posible- tanto de los símbolos amorosos como de la piel del ser amado.

Ahora pensemos en el poliamor o, al menos, en la posibilidad de amar y desear experimentar el erotismo de más de una persona a sabiendas de los sujetos involucrados que participan en ello sobre en qué se están involucrando; teniendo esta premisa moral como una posible ética amatoria que, por el simple hecho de existir tiene el deber de realizarse. 

        (-Tampoco por esto hay que catalogar como profano un amor que escape de la estricta definición             de monogamia.

        - Tampoco es equiparable el poliamor o las relaciones abiertas a la infidelidad; ese extraño goce           de transgredir un pacto entre dos con un ente externo a esa pareja.)

Y, para ofrecer un análisis del discurso poliamoroso, me gustaría que pensáramos  en la interacción de pieles que buscan habitarse -aunque sea fugazmente-; y las construcciones materiales o, al menos, el anhelo de conformar -más que una propiedad privada o patrimonio en común tal como puede estar presente en un relato más conservador del amor- una serie de proyecciones concretas que en su acumulación a través del tiempo van conformando una historia en común (Preciso es preguntarse: ¿Cómo queremos evocar esa historia?).

¿Y cómo podríamos atrevernos a dejar de lado a la poesía que en su naturaleza indómita desarticula cualquier estructura lógica que busca clasificar, ordenar y distribuir el universo caótico que tenemos dentro de nuestro pecho (en particular) y alrededor de donde podamos sentir (en general) todo cuanto podamos permitirnos sentir? porque la sensibilidad de la conciencia supera la epidermis y, no sólo eso, sino que se supera a sí misma en la medida en que el lenguaje se lo permite, repito: la conciencia se expande a medida que el lenguaje se enriquece de nuevos símbolos para expresarse

Así mismo, la atemporalidad de la poesía que busca hacer de lo viejo actual y de lo futuro nostalgia puede también complicar establecer un criterio claro sobre qué implica amar cuando la promesa de exclusividad no está presente en el discurso poético-amoroso del poliamor: aunque verdaderamente el amor nunca sea plenamente exclusivo -porque aún cuando cierta intensidad anula completamente la capacidad de inteligir otro cuerpo que no sea el evocado por el hablante lírico como el sujeto amado- no es del "amor-en-sí" de lo que se trata el erotismo de un cuerpo a otro; el erotismo en la literatura yo lo entiendo como un lenguaje dirigido al imaginario que construye con la voz, con las manos, con el sexo, etc. una suma de sensaciones que se acumulan en un texto que evoca -aceptando la impotencia del lenguaje por describir lo que la piel guarda- la sensación que puede registrar de una experiencia con otra piel-conciencia-sexo-amor: aceptando los propios límites es que se puede rozar la eternidad. 

En el caso contrario de llegar a una abstracción total de las particularidades para pensar a "el-amor-en-sí", se acaba pensando siempre en una entelequia; algo que sólo existe en una idealización; una definición arbitraria de lo que debe ser amar: una disciplina amatoria que desprecia las formas que se resisten a aceptar esa ética del sentir en un universo ideal. Es decir que el sujeto amado que se pretende como un ser único con el cual sublimamos y profundizamos exclusivamente sobre la poetización del amor no está ni remotamente cerca de lo real.  

Lo cierto es que no, la poética del amor excede esa simple dualidad en cualquier esfera del discurso amoroso (hablante lírico/sujeto amado), pero es fácil engañarnos con nuevos estandartes que simplifiquen la multiplicidad de esos amores bajo el mismo registro de las sensibilidades: ningún cuerpo, ningún amor, ninguna mirada -aún viniendo de los mismos ojos- ocurre dos veces: ni en la monogamia ni en el poliamor: cada momento es único y el lenguaje, en ninguno de los dos casos, puede abarcar todas las posibilidades de lo que significa amar bajo un único discurso: tal vez un verso acierte bruscamente, pero se disuelve bajo futuras miradas de lo que nos ofreció en un primer momento leerlo (Neruda envejeció mal).

Referirnos -entonces- al discurso poético que exceda al sujeto amado en su sentido romántico-monógamo sin caer en la abstracción del amor a un ente colectivo que también recoge esa prefiguración del "amor-en-sí" a una nueva forma de amar donde se transmiten ideas del romanticismo a la figura idealizada de un ente colectivo como "pueblo", "compañerxs" o "vínculos": entes iguales en derechos; cosa que parece justa, pero que parece ignorar las exclusividades que se reservan a un cuerpo en particular donde se interpretan sensaciones únicas que exceden la ocasional estimulación de las partes erógenas y trascienden de una forma que transforman la configuración de lo que se siente amor.


¿Que nos queda, en última instancia, para hablar del amor cuando la vanguardia un nuevo orden de sensibilidades arrasa con los valores del amor romántico? Amar, en conjunto, a una multiplicidad de seres sin caer en una ética amatoria específica, porque sí, por supuesto, cada relación es única. Pero conformarnos con esa definición de unicidad para cerrar con una conclusión que se asume incapaz de  ser suficiente para especificar lo que se siente -particularmente- en el espectro de amantes que nos rondan corporalmente: estoy(estamos) buscando un espectro del lenguaje donde se adorne de palabras al amor como nunca le hayamos dicho antes.

martes, 30 de marzo de 2021

A una diosa pagana

Entre limbos de súbito destello, penetrados por las nubes, dormíamos abrazados hasta el mediodía del cielo.

Sentías mi negro corazón de águila desplumada por tus dedos

estremecerse ante el frío y la irrealidad

del fuego.

Porque no puedo creer cómo aun sigo atónito

a esta aparición de carne y alma que sin saber consciente invoco.


Si tan sólo pudiera disolverme,

diáfana,

en medio del placer que arroja todo oasis en calma

Acaso adivinara la alquimia que guardan todos los cuerpos

que se lanzan ingrávitos

sobre la suavidad de todos los tiempos.


Probamos, impávidos, lo que guarda la carne tras la carne...

y la sangre que se vierte sobre cálices sagrados

preparados por sacerdotisas de Ishtar entre las piernas de la diosa.

Podría vertirse en mi boca sin quemarme

y hacer de pluma el pavimento que azota pies desnudos

y abandonara la marea el afán de mancillarme

con tan sólo dejarnos acariciar por nuestros perdidos versos.


Y mil manos que me abrazan

Mil bocas que desgarran la conciencia

suben sin saber donde voy


El aire se aligera

Las manos se asemejan a arreboles

sobre un lomo de cordillera de plata.


Y entre tu pecho -señor mío- anidábamos en un tiempo sin tiempo;


Nuestra alma indisoluta, Ishtar:

¿Vuelve a tí como polvo de huesos?

¿O somos un sólo planeta errante de un espacio de negro cielo?


Oscura luminiscencia

Sabor de la piel mineral que vuelve ingrávita sobre una estrella.


Faro que revela su luz a través de la niebla:

Te cantaban canciones para hallar la calma de la noche.


En el calor de impecables sábanas te abrazaban las más dulces tribulaciones que puede dar la infancia.


Hoy podrán desgarrarnos palabras aterrorizadas,

pero a la vuelta de aquellos viajes

aprendimos a sortear toda infamia


y dar gracias, sencillamente, por dejar de lado toda sustancia

flotando nuestros cuerpos sobre la superficie tibia que hoy nos cobija, Ishtar, mi amada.


Un santo día, cuando arda de nuevo la torre de Alejandría,

el calor y el aire buscarán otra morada

más allá de la epidermis y el papiro que de todo mal se contagia.


Liberados, entonces, de toda luz

daremos gracias, sencillamente


Gracias


Gracias


Una sonrisa pálida da las gracias

 al amanecer de esta edad oscura.


Teniendo las nubes por lecho


Quemarán ojos absortos cenizas nuestras.


Una leyenda que nadie recuerda

sobre un paisaje hermoso se dibuja;

un río prístino

y el vapor que de su cauce aleja

rastrojos de alma que brotan de una cascada:

la orina que hoy derramas

nos besará bajo tierra:

oídos impíos ignoran lo que guardan nuestros versos.


lunes, 22 de marzo de 2021

 Si pudiera salvar sólo un fragmento de la existencia;

lo olvidaría todo,

y así comenzar siempre de nuevo.


miércoles, 17 de marzo de 2021

domingo, 14 de marzo de 2021

Dulce instrumento

Cargar símbolos,

sentir la espera

de una vela sin dios

    que se apaga en alguna selva.

Internada  y húmeda,

    parece tocar cierta esencia.


Se ahogan en un grito sordo

sufrientes magdalenas

encima de cristos impúdicos

Al lector, una advertencia:

no engañarse con estos románticos heridos.


Ya que todo enamorado es un loco,

el azar con su vida juega:

llueve en verano y dos jóvenes nostálgicos

sobre el banco de una plaza se aprecian,

uno de ellos muestra su libreta.

Al acto prometen aceptar cualquier sacrificio

si el nombre del amor se defiende.


Seguros de haber encontrado un tesoro

se reparten sueños sin reserva,

se habla de un viaje mítico

emprendido miles de veces:


Los amantes suben la apuesta,

-descartando que bajo la mesa se baraje un resultado trágico-

se entregan felices con total arrojo.


Dulce instrumento de la naturaleza

que nos llena de fluidos lúbricos,

embriaga de mariposas las vísceras.


Sólo eso -por favor- basta de símbolos.

Y nostalgia, tú también, vete bien lejos

que enfermas.


viernes, 5 de marzo de 2021

La sangre que le debo a la luna

Si la lengua es capaz de absorver cualquier cara de la realidad, 

reflejándola como todo cuanto se puede mostrar: 

¿por qué cuando nuestras miradas se entrelazan nuestras bocas fallan si intentan articular palabras?

Y un río eléctrico se tiende en los valles que hacen nuestros cuerpos al rozarse

Y el vapor que libera este amanecer sobre la humedad de tus bosques

Y la sangre que le debo a la luna brota para invocar en tu nombre el sabor de la carne

(y no el de los fantasmas ocultos bajo árboles siniestros; fuego fatuo en la escarcha; figuras onduladas por la noche del olvido)


Iniciado el rito, puedo verte arrebatada del sueño; llena y pálida.

Y besamos estos peces con todas sus escamas

Y con el aliento aplazamos el invierno 

estallando de aves el cielo.

Se remueve la maleza árida que crece en silencio

Y se humedece la hierba con nuestras lenguas que desenfundan ya no palabras.


Me interno en la noche y veo la piel rosada

Entre mis muslos se abre brillante:

un colibrí insomne bebe del néctar y es sabor dulce lo que encuentra.

Un senderito estrecho se expande

y es nuestra piel agrietada que agradece

dejar atrás los zurcos de la tierra echa por caminos sin alma.


Cientos de espejos reflejan tu cara.

Articulando palabras reducidas a vocales

hundimos las uñas en la tierra

Extasiados sobre un lecho de flores extrañas

hundimos la mano en la mano como en la arena

Ebrios de néctar.


Y ni por un instante invade la desesperanza

de vernos expulsados de este paraíso

por el fin de los días de cálidos arrebatos.


Sólo queda, después del cielo,

 mirar la fogata

y en silencio rogarle al fuego

de que con ninguna palabra vaya a tocarte

la inoculada calma herbívora que te guarda.

lunes, 15 de febrero de 2021

Mancillando la noche te celebras

I.

Sin entender ciertos misterios que guarda la carne.

Los bastos arden sobre tierra húmeda.

En el preciso momento donde habitamos la eternidad

la madera ruge: 

-"Heme aquí: un árbol caído, has conmigo lo que convengas".


y tú, 

cabeza sobre mis piernas: Descansa.

Acaso sean palabras vanas,

ruido de voz humana:

poco más que un ladrido.

poco más que el llanto de un animal herido.

Aunque insisto: " He aquí mi regazo (de árbol caído y madero hirviendo)"


II.

Se respiran como el humo:

lenguas desesperadas,

el canto del agua,

río bravo sin tiempo.


III.

Estirémonos sobre el suelo,

comulguemos en iglesia pagana

verdades que no son ciertas,

cenizas de otros vientos.


Rendidos nos quiero

a todo nombre que queme el alma.

A todo ser que satisfaga la infinita calma

    de una noche absuelta.


IV.

Más pueden el río y estas llamas que todo cuanto se diga:

palabras ínfimas

    sujetas a epidermis que escindan: mío, tuyo, nuestro.

Fronteras arbitrarias

que se recojen y retiran en duelo.


Velados los misterios de la carne, queda poco más

    que un vacío inmenso.

Un testimonio vuelto palabra.

Versos

    semejantes al tacto.

Salpican inmensos: sangro entero.

miércoles, 10 de febrero de 2021

Arma blanca - chocolate al suelo

Sensaciones que provoca algo/alguien. Ser arma blanca (como un sobrenombre): aquel(la) que…

1. Arma: extensión del cuerpo, armar (darle forma), algo que se arma, aroma del arma (¿qué es lo que pincha?, ¿qué es lo que corta?); adrenalina; protección; disciplina. (algo que) Deforma; le quita la forma a algo; desfigura, intimida(d), asalto.

2. Blanca: Característica, cualidad, blanco (objetivo), no hace ruido ni necesita un percutor para funcionar; es autovalente y silenciosa, efectiva en manos preparadas, quirúrgica, estéril, prolija, no salpica, no mancha


3. Armado de blanco, expuesto como un blanco con un arma blanca, ser el blanco de…

4. Un objeto que sirve para que alguien (no) se acerque: erotismo

Armar todas las piezas de Blanca (nombre propio); Blanca está armando algo, hay un animal/objeto/entidad de nombre “Blanca” que arma algo, o bien, desfigura algo con un arma.


¿Para qué necesito un arma blanca?

Para hacer daño de una forma tan prolija y efectiva que basta un movimiento seguro para aniquilar o dañar permanentemente al blanco: provocar una herida limpia; blanca hasta la médula.

"Más peligroso que un mono con navaja": puñaladas de certeza animal, esa que arrebata el sentido; atravesando la cotidianidad.

 


Chocolate al suelo

Algunos piensan que es una experiencia especial haber sido cortado por un arma blanca.

Es decir,

ser apuñalado;

te han intentado eliminar,

desde cerca,

te clavaron un cuchillo de frente o a ultranza.

Una herida limpia que cuaja la médula

arrebata la esencia

desde cerca, de lo más íntimo que significa: que te penetren.

-sin una mancha-

Una herida pulcra que adivina la carne desnuda.

 

Y tú, con una bandera blanca.

Los brazos en alto, las manos estiradas:

ser el blanco de un arma, mordida inesperada.

Entregado por entero a la sustancia

azarosa que te encuentra en una dualidad elástica:

el cortado o el agresivo.

 

Alguien que adelanta el movimiento:

Te han clavado en alguna parte

Un buen beso que arde

Y no has podido hacer nada para defenderte.

 

ser Arma blanca:

Preciso, punzante,

Reside una disciplina en el saber herir:

La lengua hiere cual navaja:

 

Se corta a sí misma o sólo necesita más técnica para adelantar

Implacable su muerte:

De la puñalada o el agresor.

 

Brota sangre sin salpicar

La piel hermética y muda atravesada;

Lúbrico colgajo de carne.

 

Cuerpo tendido.

Suelo besa los pálpitos

de un ser infame,

Inerme sobre su propio sudor

en abundancia.

Suerte de predadores;

en la sangre vives y por la sangre caes.

 

Arma blanca;

Desarma y sangra sin mancha

En la mano arrojadiza baila

La suerte muda de una navaja.

sábado, 6 de febrero de 2021

 Queriéndome ahogar en los versos

de tus labios, náufraga.

Con la mirada tirante como un hilo de  fuego

que se desvanece al primer soplo de otro viento.

Uno imaginado en soledades y desencuentros.


Rogando oír tus gemidos desesperados

de ahogada huérfana de consuelo

que vuelvas a respirar,

que descanses en mi pecho.

Que nazcas de nuevo al suspirar

hundida en esta piel

hasta volvernos gemelos siameses

unidos por el sexo.


Gemela y sombra infiel,

de un lenguaje amoroso cargado de símbolos de desesperación

Bautizada en versos que cantan a la ausencia y el desasosiego.


No, no se muere por extrañar.

Se muere por renunciar a la vida;

Brutal presente lleno de enseñanzas.


Se muere en la nostalgia

que insiste en nacer en medio de tus piernas


Se muere en la madurez

de aferrarse a una imagen intratable,

mirando de reojo al mismo espejo

que guarda al fantasma que de un suspiro nos roba el alma.


No, no se muere realmente.

Sólo abandonamos diversas formas

aunque el vértigo muchas veces nos ahogue

y sintamos por vez primera

los estertores de todos los amantes perdidos

vagando por los pasillos

de noches sin piédad.


Si sólo la piel pudiera recordar,

sabríamos de inmediato que basta una noche

para amarse en la totalidad.


Si contásemos con el fiel reflejo

bajo una lámpara ermitaña

que supiera darnos sin palabras

a través de un rostro solemne de total entendimiento

la verdad de nuestras almas desesperadas:


seríamos sacerdotes apoyándonos las espaldas

sobre pieles náufragas venidas del Estrecho de felinos en celo.

Sabiéndonos metales pesados

precipitándose por la alquimia de todo abismo;

regalando sin reparo todo con cuanto contamos:

Nuestra sangre colmada de valentía insolente que nada gana;


retirados de todos los fuertes;

agonizando en playas: 

Mano con mano unidas en un orgasmo,

y la mirada ciega de cualquier horizonte.

Recordaríamos todas las trampas, 

pero no tendríamos la dicha que nos regala esta ignorancia.


La de pedirte, una vez más,

que montes esta barca

antes de que el viento sople destemplado

la verdad desesperada de esta boca que te mira de frente

y ruega a tu lengua que lama mis heridas hasta desvanecerme completamente.