viernes, 27 de abril de 2018

A mis estudiantes

El conocimiento replicante es estéril cuando le intercede el miedo.
El silencio de tus voces me llenó de pena.
Yo tampoco quise estar ahí, yo también sueño con ver todo arder.
La autoridad está muerta de miedo de nosotros, y no queremos darnos cuenta.
Cuánto quisiera abrirte los espacios de mi alma y mezclarla con la tuya.

No ignoro el potencial voraz de la raza humana, algunos sentidos no son nada nobles. No es este mi caso dada la ocasión, sólo soy un joven profesor cascado que hace esto para cumplir la condena que lo aleja de las montañas.

La convergencia de perspectivas distintas es lo que se conoce por milagro.

Quemen la escuela, quémenme con ella adentro. Crecí mal. Tomen palos de escoba y sáquenle punta; cacen aves. Planten marihuana en el techo de una fábrica cubierta de ollín y latas vacías: la vida sólo se restituye por la vida: una crueldad bien dosificada es como abono a las plantas; hace madurar el fruto. Ésta parece ser la regla de antaño.

Hoy sueño con esto, hoy me até las manos frente a la injusticia; soy un cobarde. Más no me hice el ciego, lo que hice fue tocar como un ciego; cauteloso y suave la superficie de esta cárcel nuevamente. Laberinto de adolescentes arrojados a las fauces de lo que "los que mandan" entienden por realidad. Tercos, embrutecidos por la poda de sus extremidades. Viejos jorobados de tanta alabanza: es preciso agotar su aliento con nuestras manos.

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