Extraño lo que no tengo
Nostalgo el porvenir
Doy lo dicho por falso
El silencio castra
Las extremidades se comprimen
Lo cierto es que me voy de aquí
Que me voy de todos lados
y me duele el vértigo de quedarme.
Nos desnudamos por quimeras,
esfinges de cabello ardiente.
Abogo en la distancia
Soñando con alondras imperecederas en mares eternos.
Su cuerpo infantil de bailarina con la pata rota
refregándose con furia contra mi pubis
era el estertor de mis días muertos.
Subimos la mitad del morro para ver el fin
de este breve sueño otoñal.
Rocé su mano
y la sangre me hervía
Me resultaba inevitable amar siempre mujeres de fuego.
El mar se evaporaba al besar sus piernas.
Esa noche fui el mar.
Los surcos de su espalda, olas.
Sus ojos imprudentes atravesaron mi alma
como el sol las nubes.
Desde ese día en que el tiempo se detuvo,
sólo me quedan dos razones para seguir vivo
Volver a ver el mar y beber vino.
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