muéstrame el alma del alma
el sueño olvidado de la infancia.
Si el atardecer es eterno
el tiempo deja de estirarse
viernes, 29 de noviembre de 2019
martes, 26 de noviembre de 2019
Capicúa
No me impresiona la ciudad ni los estupefacientes que puedo encontrar en algún pasaje.
Ni la cerveza que chorrea por las paredes del centro cada fin de semana.
Ni conformarnos con los atardeceres de otoño que suspenden los edificios como en sueños.
Ni la lluvia que la limpia
Ni el silencio que cobija la noche en algunos lugares afortunados
Ni el calor de un lecho desconocido
¿DE QUÉ FIERAS NOS ACOMPAÑAMOS POR NO SABER QUÉ ES LA SOLEDAD?
¿Somos, como dijo alguien, el infierno de los demás? porque, de ser así, debemos volvernos radicales.
Y apartarnos; huir como los leprosos a una isla del conocimiento en la que es difícil sanar.
Aceptar que la esfinge en la que hemos revelado el enigma es implacable
Y nos hemos puesto en su lugar.
Sólo así, tal vez, olvidar lo aprendido y sospechar que el pensamiento es baladí,
que hemos cargado durante mucho tiempo la memoria de nuestros muertos y que, de estar vivos, les resultásemos despreciables, porque el camino andado nos ha llevado lejos de ellos.
Porque la ciudad donde nos hemos criado ha quedado atrás,
porque el tiempo corre implacable y el corazón va abandonando toda duda.
Es ESTO o la narcosis de algún tugurio;
de esos que se encuentran en algún pasaje
O de esos venenos que se hallan cada fin de semana chorreando por las murallas
para olvidar la resaca que es vivir en la ciudad.
Ni la cerveza que chorrea por las paredes del centro cada fin de semana.
Ni conformarnos con los atardeceres de otoño que suspenden los edificios como en sueños.
Ni la lluvia que la limpia
Ni el silencio que cobija la noche en algunos lugares afortunados
Ni el calor de un lecho desconocido
¿DE QUÉ FIERAS NOS ACOMPAÑAMOS POR NO SABER QUÉ ES LA SOLEDAD?
¿Somos, como dijo alguien, el infierno de los demás? porque, de ser así, debemos volvernos radicales.
Y apartarnos; huir como los leprosos a una isla del conocimiento en la que es difícil sanar.
Aceptar que la esfinge en la que hemos revelado el enigma es implacable
Y nos hemos puesto en su lugar.
Sólo así, tal vez, olvidar lo aprendido y sospechar que el pensamiento es baladí,
que hemos cargado durante mucho tiempo la memoria de nuestros muertos y que, de estar vivos, les resultásemos despreciables, porque el camino andado nos ha llevado lejos de ellos.
Porque la ciudad donde nos hemos criado ha quedado atrás,
porque el tiempo corre implacable y el corazón va abandonando toda duda.
Es ESTO o la narcosis de algún tugurio;
de esos que se encuentran en algún pasaje
O de esos venenos que se hallan cada fin de semana chorreando por las murallas
para olvidar la resaca que es vivir en la ciudad.
En la sala de espera (micro cuento)
Salgo de clases y voy al hospital. Tras la puerta sale una puta vieja buscando a su compañero; lleva un escote con el pecho bien apretado, un chaleco de malla amarillo -con hoyos de polilla en la espalda- que no abriga nada, zapatillas deportivas y una cartera roja. En definitiva, una puta vieja y pobre saliendo del salón de control de infecciones sexuales al que entraré yo en un momento. Para ella; un trámite. Para mí, algo casi innecesario y molesto, acaso un karma. Su compañero se ha ido, pregunta a la gente del pasillo: "¿Han visto una cosa chica por ahí?", se da media vuelta y camina, se divierte paseando en busca de su hombre hasta que no la veo más.
Acá los minutos se extienden de forma infinita, la luz artificial no deja ver la hora del día, y el pasillo se va vaciando cada vez más hasta hallarse vacío mientras nombres de desconocidos se oyen al abrirse o de algún parlante a lo lejos confundido entre el eco de este laberinto.
De pronto, veo a la puta de nuevo; brilla de una forma extraña en este paisaje gris de cerámica. Se le acerca una mujer pequeña, ahora entiendo, era una compañera lo que buscaba.
Acá los minutos se extienden de forma infinita, la luz artificial no deja ver la hora del día, y el pasillo se va vaciando cada vez más hasta hallarse vacío mientras nombres de desconocidos se oyen al abrirse o de algún parlante a lo lejos confundido entre el eco de este laberinto.
De pronto, veo a la puta de nuevo; brilla de una forma extraña en este paisaje gris de cerámica. Se le acerca una mujer pequeña, ahora entiendo, era una compañera lo que buscaba.
Faltan las ganas
Aun el fuego está encendido.
Aun sangran los colores purpúreos a través de mis venas.
Basta encontrarla a ella,
a la mujer improbable,
en sueños para recordar cómo se ama plenamente.
Muchas veces
he pensado en matarme, los años han sucedido sin mayores sorpresas.
Yo siempre huyendo, huyendo.
Oyendo las mismas canciones,
o
cuando me las encuentro o, más bien, me encuentran; queman en la fresca piel blanquecina por el invierno.
¡Qué pocas ganas de todo!
Dormiría días enteros, con sólo lo
suficiente para no morirme de hambre.
O acaso simplemente huir a
las montañas o amar con locura absoluta.
Tengo Puerto Fuy tatuado en la memoria,
tengo la sombra de
los árboles que me cobijan del sol,
tengo la brisa cordillerana que anuncia el
fin de la tarde.
Tengo cargado sobre las venas el peso de mil amores que he
llevado por rutas infinitas.
¿Dónde estás? ¿Habrá una nueva carta siendo
protegida por una araña de rincón?
Bien cuando pienso que todo ha pasado, los sueños asaltan:
Son tan felices nuestras caras, tan liviano el pavimento.
No importa
que cargue los mismos zapatos que hoy me destrozan los pies al ir al trabajo.
y ENTONCES
Fuimos cómplices de la poesía, porque no había objeción
relativa capaz de suspender nuestras miradas
O sujeción objetiva
U Observación subjetiva
Ni réplica, ni palabra, horario o conjuro que supiera
separarnos del todo.
Pero eso ya pasó, como los domingos y las enredaderas de
piernas, o tu mirada enseñándome a mirar; enseñándonos cómo suspender el amor
en ese delgado alambre de cobre que fueron nuestras miradas frente a frente,
porque la belleza venía a cobijarnos cada vez que te veía.
Pero esos
son años añejos, y el cuerpo tal vez no sea el mismo, y no sé si quede algo después
del cuerpo. O la memoria de otro cuerpo tras 7 años, como dicen los sabios.
¿Cuánto
tiempo me queda? No quisiera contarlo.
Ni los días porvenir a un nuevo
encuentro,
o un nuevo pasatiempo que me cobije del frío y de la compañía que no
quiero.
Pero el sueño asalta potente, y hace ver el presente irremediable,
inicuo, despreciable.
Esos sueños son como vivir todo de nuevo, y veo la piel rejuvenecerse
y corazones más rojos.
Y ya pierdo las ganas de seguir escribiendo, porque no tengo
el calor de tu aliento
Y ya lugares comunes que bien entiendo, porque sé dónde
puede terminar la noche por este camino.
¿Qué es esta falta de ganas de todo?
¿Qué es esta falta de ganas de todo, menos de tu amor bravío?
jueves, 14 de noviembre de 2019
Nunca puedes arrebatarle
-En memoria a Camilo Katrillanca en el aniversario de su inmortalidad.
I.
Hay bestias sueltas en las calles
Miedo y cocaína es su alimento
Nos prefieren muertos
Nos prefieren ciegos
A veces, también, vienen a vernos en sueños.
Pero no saben que en el desvelo
en el temor a la cárcel
Y al propio cuerpo reventado por los golpes
seguido del falso fusilamiento,
No puede devolvernos a nuestros muertos.
Porque las calles hablan
porque el cuerpo ruge
y pide
algo más que sangre
Porque ya ojos para ver no faltan
de lo que siempre nos privaste
Asesino infame
Porque mataste a Katrillanca desarmado y por la espalda
Asesino impune
Y podíamos verte baleando al pichikeche en su casa mientras duerme.
Y si es este un mundo primitivo sin justicia ni futuro
Y acaso nunca mi nombre o el de Camilo
sean dicho de nuevo,
te advierto:
Que esa falsa paz que defiendes,
quimera zurcida en pesadillas,
acabará el día en que veas a tu hijo morir de sed
Cuando ya nadie te financie
por perseguir al valiente
que desarmado salió a la calle
a salvarnos de la hecatombe.
II.
Pero si entonces, sólo uno de los nuestros vive, sentirá en el horizonte
que nuestros sueños son más grandes que cualquier arma
y nuestra esperanza es el bosque
donde correrán descalzas del miedo nuevas almas
Y palabras como "policía" serán ajenas
a cualquier lenguaje.
Y las sirenas, un día,
pondrán fin a su vuelo ciego.
Y sólo los pájaros serán dueños de la noche
Y sólo el fuego que hay en nuestros pechos iluminará la milenaria espesura
olvidando los días en que se privatizaron los mares.
Sólo entonces ningún muerto será en vano,
Y todas las balas serán devueltas.
Y después de todo esto
Si alguna mano que alzó el puño en alto sigue caliente
conocerá la ternura de las flores;
de la primavera que a nuestros pechos
Nunca pudiste arrebatarle.
I.
Hay bestias sueltas en las calles
Miedo y cocaína es su alimento
Nos prefieren muertos
Nos prefieren ciegos
A veces, también, vienen a vernos en sueños.
Pero no saben que en el desvelo
en el temor a la cárcel
Y al propio cuerpo reventado por los golpes
seguido del falso fusilamiento,
No puede devolvernos a nuestros muertos.
Porque las calles hablan
porque el cuerpo ruge
y pide
algo más que sangre
Porque ya ojos para ver no faltan
de lo que siempre nos privaste
Asesino infame
Porque mataste a Katrillanca desarmado y por la espalda
Asesino impune
Y podíamos verte baleando al pichikeche en su casa mientras duerme.
Y si es este un mundo primitivo sin justicia ni futuro
Y acaso nunca mi nombre o el de Camilo
sean dicho de nuevo,
te advierto:
Que esa falsa paz que defiendes,
quimera zurcida en pesadillas,
acabará el día en que veas a tu hijo morir de sed
Cuando ya nadie te financie
por perseguir al valiente
que desarmado salió a la calle
a salvarnos de la hecatombe.
II.
Pero si entonces, sólo uno de los nuestros vive, sentirá en el horizonte
que nuestros sueños son más grandes que cualquier arma
y nuestra esperanza es el bosque
donde correrán descalzas del miedo nuevas almas
Y palabras como "policía" serán ajenas
a cualquier lenguaje.
Y las sirenas, un día,
pondrán fin a su vuelo ciego.
Y sólo los pájaros serán dueños de la noche
Y sólo el fuego que hay en nuestros pechos iluminará la milenaria espesura
olvidando los días en que se privatizaron los mares.
Sólo entonces ningún muerto será en vano,
Y todas las balas serán devueltas.
Y después de todo esto
Si alguna mano que alzó el puño en alto sigue caliente
conocerá la ternura de las flores;
de la primavera que a nuestros pechos
Nunca pudiste arrebatarle.
miércoles, 4 de septiembre de 2019
Todo día es hermoso
Todo día es hermoso.
Sobre todo si cuenta con un atardecer
de aves de presa
de senderos en el bosque
y una guarida
donde dormir la siesta.
"Nunca", dijeron.
Hablemos con las palabras,
más que para servirnos de ellas
como acaso un instrumento.
La música, sin duda, que hay en el silencio
es el arte más celestial y bello.
sábado, 24 de agosto de 2019
Tierra y viento
Se han ido muriendo, como de a poco, cada momento.
Asfixiado en el frenesí delirante que es esta energía indescriptible
de un fuerza
De una sensación
Alma viajera
¿A dónde has decidido irte?
Me fui al sur. Irresponsable.
Guhit
Alcanbazaritsa
Kkojir almadar
Me duele cada uno de los amores en ti
Atraviesas el registro de lo imprescriptible
Viajera soñadora
Dadora de infinito (cito)
Crecimos en medio de la belleza
De un sentir, acaso, intuición certera.
No hay resistencia alguna en mi corazón
Carmín de pluma
Nace
Superpuesta
La luna desierta
De noches sin fulgor
La lux a través de tus piernas
¿Estás agradecido?
La mirada entre tus piernas
Es como un paso en medio de la calma
Oasis incierto de investidura
Volví en embestidas contra tu pelvis.
He sido criatura incierta,
De mí no agradezacas nada.
Soy bestia de lapa
Alimaña vertida entre gradas
O arenas
Succionando la lava
Que del mediodía hurtada
Entibia mi nicho
¡Soy bestia ingrata!
Yo de amor no sé nada.
Alguna vez amé, tal vez,
O soñé, acaso,
Con dibujos en la arena
Hojas dibujadas
Se las han ido llevando los años
De a poco se volvieron vientos
En afán de evidenciar lo perpetuo
Yo, ahora avocado hacia lo eterno,
He dejado atrás, de a poco,
Un poco más.
Acepto esto:
Seremos hechos dispersos
Ilegibles hacia otra LENGUA
En mi vida mueren los amores de otros días vividos
En el desconsuelo se amasa incierta
La luna huérfana de tus suspiros
Que por mi nombre se ha ido
A abrazar otros vientos.
lunes, 15 de julio de 2019
El último hombre
Al atardecer del última día de la humanidad; un funeral. Ahí un solo hombre despedía a su amigo de toda la vida: flores, cantos y un ataúd de plomo contra la radioactividad.
El último hombre había muerto, el que quedaba no era más que un fantasma. Porque ahí donde no podemos comunicarnos, la humanidad se acaba.
El último hombre había muerto, el que quedaba no era más que un fantasma. Porque ahí donde no podemos comunicarnos, la humanidad se acaba.
domingo, 26 de mayo de 2019
Todas las canciones de Javier Barría
Supe encontrarte entre sueños
Delirios de vapores ebrios
En un rincón cobijo del frío,
A medio camino del fin
Del mundo.
Ya me cansé de ser humano y hablar.
Hablar sin pausa
y no
dejarle espacio a la ternura que se amaca contra tu piel.
En telas suaves de algodón y tacto adolescer.
Volví al mundo a morir por el arte,
Sin nadie que sepa tu nombre
Excepto mi corazón de golondrina salvaje,
Desconfiada de las ciudades
Huye inexorable.
viernes, 10 de mayo de 2019
Aullido de auxilio de una infancia
que desaparece,
como el nido del puma,
y sólo eso.
No hay respuesta.
Acurrucado el puma
Entre el gemido insolente
de donde exuda la fiera;
Su madriguera
y ella hermosa, sin duda, durmiendo.
aunque no la vea.
El único camino que va dejando
el atraco impotente.
De estos, mis hermanos,
Que invaden cruel
Y van dejando triste testimonio de su presencia.
Yo cojo estos excrementos
de donde las palabras
que hoy siento
van naciendo.
Me tiemblan las manos
como la rama de un árbol viejo
mecido por el viento del otoño
mientras voy escribiendo.
de donde exuda la fiera;
Su madriguera
y ella hermosa, sin duda, durmiendo.
aunque no la vea.
El único camino que va dejando
el atraco impotente.
De estos, mis hermanos,
Que invaden cruel
Y van dejando triste testimonio de su presencia.
Yo cojo estos excrementos
de donde las palabras
que hoy siento
van naciendo.
Me tiemblan las manos
como la rama de un árbol viejo
mecido por el viento del otoño
mientras voy escribiendo.
domingo, 5 de mayo de 2019
Haces viva la memoria.
la trayectoria de un cometa inevitable.
La vida como curso que se interrumpe con fragilidad.
Y sin embargo, el cometa sabe lo que le quema, y sólo vuela.
Usted, por ejemplo, ha llevado tanto tiempo como un punto perdido en el espacio.
Aún así, yo la contemplo viajar mientras nuestros cursos no se encuentran
Y repito: quiero vivir la eternidad en este baile.
Y deshacerme en lluvia cuando llegue el viento frío
Y en la hipotética construcción de que las palabras infinitas como amor son transgresiones al lenguaje.
Mis dedos no se consumen en palabras al sentirte, sólo movimientos.
Espasmo sonámbulo
Porque basta una chispa y el cielo toma otros colores
Se asoma tu rostro
Ahora te huelo con la mirada
Con el pensamiento
Te voy sintiendo tan cerca
Entre tus abismos y los míos
Debo decirte algo: eres un genio hermoso.
Sabes bailar con el alma
Los elementos se concentran en tu pecho
Y tus piernas de gacela tienen tanta gracia
Al nadar entre ríos
De ojos perdidos.
Haces viva la memoria.
Desierto florecido
Así me va embargando una extraña tranquilidad, volviendo al lugar que siempre supe que iba a regresar. Ya, hoy, sábado en una noche de otoño no me urge divisar el extraño tumulto de mareas ebrias de gente vagando en busca de sexo o licor. Ya los días se asemejan a aquellos primeros días en Santiago, donde me ahogaba el mundo exterior y prefería encerrarme en mi pequeño cuarto. Tal vez a esperar el amor o algo peor. Hoy envuelto en un halo de misterio me embarga la idea de habitar un bosque, tranquilo y en soledad; ¿Será contemplar el año y sus estaciones el destino? Acaso he sido siempre mezquino; el otro día lo hablaba con un amigo: deberíamos ser más generoso con nuestro arte, ponerlo en circulación.
En poesía se ha hecho demasiado, se ha jugado con palabras hasta el hartazgo; quizás, aún, hasta un acto masturbatorio donde el gesto estético y comunicativo ha perdido valor. Ya está muy en boga una presunta libertad en el verso. ¡Gran logro! Pero eso se consiguió hace ya más de cincuenta años, tal vez Juan Emar fue el primero. De tan tozudamente humanos, olvidamos qué es la eternidad. De tan tozudamente vanguardistas, olvidamos que las vanguardias hoy ya no van. que el acto que otrora fue rupturista hoy es incomprensible y sólo entendible a una élite, una que -irónicamente- no tiene ese carácter aristócrata que filtra la impresión según un paladar exquisito, sino que acepta todo como interpretable: "Que algo deja" dicen, y en eso se resume cualquier arte.
Yo diría, antes bien, que aquel arte que no sobrevive bien al cocktail que lo sucede no vale absolutamente nada. El arte debe ser una copa amarga al final de la jornada, o una dulce al principio de la misma; debe estar contenido en esas cartas que aún resisten ser enviadas, deben asaltar las murallas de cualquier espacio repentino, como el baño de un bar o la ventana de un autobús. Debe ser, a la vez, material de al menos una doble lectura: Primero al transeúnte que se ve usurpado de su cotidianeidad por alguna genialidad ineludible; algo que suspenda la anestesia que es entregarse a la rutina de la sociedad. Y segundo, material o comidilla de aquellos intelectuales que juegan a verse incapaz de crear por cuenta propia. Mejor dicho, que sea parte de alguna tradición o contra-tradición que permita que la investigación absurda continúe. Al fin y al cabo, todo se quemará como alguna vez fue de Alejandría una monumental biblioteca quemada por fanáticos. Mañana tal vez sea quemada para calentar a un grupo de gente que, desesperada, busque refugio de este mundo que hemos sabido mandar al carajo todos juntos. TODO EL ARTE DEBE SABER MORIR ALGÚN DÍA.
Y a la vez apostar a la eternidad. "Manifiesto tal vez" dijo Huidobro, y en medio de los excesos Neruda encontró el secreto del amor romántico mientras Spinetta supo darle a Artaud otra salida, una en donde la desesperación o el suicido no es la meta, sino la belleza... la belleza y el alma encontrada frente a frente en medio de dos acordes y una canción. ¿Qué nos queda a nosotros después del siglo veinte?, ¿Qué le queda a la pintura despues de Van Gogh o Brueguel el viejo o El Bosco hace más de quinientos años? No olvidar los accidentes de nuestra tierra nombrada americana, como Melchor Pérez de Holguín en medio del barroco que converge la represión española con la mezcolanza andina de Bolivia y su modesta gente, o Marco Benavides ahondando en medio de sus infiernos a través de una silueta medieval y surrealista.
Las palabras en algún momento sobran, y sólo queda la música, de alguna guitarra solitaria alternándose en medio de aves taciturnas, o la noche haciéndose dueña de la realidad. ¡Cómo supimos, hace doscientos años, bordearle a la oscuridad ineludible con un cielo artificial de luces de fiesta y barcos cruzando ríos milenarios! Y, sin embargo, la oscuridad de nuestra alma aún se encuentra sin lumbre; una manzana sigue siendo una manzana como un poema sabe seguir siendo un poema un siglo después del pequeño dios. Los cuerpos resisten al mediodía el movimiento de todas las cosas, mientras yo me levanto pensando en que he vivido demasiado, y sólo el pensar en mis hermanos pequeños -compañeros incombustibles- me aleja un poco más del suicidio. Aquí me encuentro desesperado y tranquilo (a la vez), con demasiado tiempo y una furia iracunda contra mis congéneres, y compasión extraña a las polillas o arañas que invaden mi casa.
Si esta es mi casa, pregunto, ¿cuanto vale el exilio? Porque atrás han quedado amores hermosos como la luna bañada por todos los mares del mundo. Mujer, tú que miras esto del otro lado, ¿Sabes cuanto te extraño? El arte es la ausencia de lo que se disuelve en nuestras manos. Como la arena o un pueblo arrojado en el desierto. Algunos sabios quedan vedados a la gente, brujas ante todo.
¿Qué ha sido de mis compañeros viajeros que hallé en el camino?, ¿De aquellos que tuvieron que huir de su tierra buscando un futuro mejor? Y hoy se desvelan en un cuarto como el mío, forzados a compartir todo antes que el corazón. Les deseo buena compañía, porque el hogar está ahí donde se sienten amados. No se sabe hasta partir por un buen tiempo; la verdad se les revela como un asaltante de los caminos.
¿Que quimera nos ha incitado a perdernos en estos abismos?
¿Por qué mi arte insinúa esta desesperación?
Más me gustaría que fuera refugio de almas en pena. Un día, espero, que mi corazón sea tan grande como todos los recodos del mundo. La altura del cielo sobre el mar en primavera sea la altura de mis sueños, y pueda hacerlos palabra para que encuentre el consuelo alguna alma. O al menos la mía en esta noche que se sugiere eterna. porque, no recuerdo, alguien dijo, nadie hace arte sino para escapar del infierno.
Quizás, me gustaría que esta negra noche termine en alguna palabra como compasión, amor o dulzura. ¿Viniste tú a darte cuenta de que este trago tomara un destino distinto? Hoy quizás haga el esfuerzo por recordar todo lo aprendido. El final no es tal, no hay ninguno, ahí va el asunto. La dulce piel aguarda un nuevo encuentro; negar lo aprendido, ser niños de nuevo: crear y jugar otro espacio. Tal vez Puerto cisnes, tal vez un rincón en la Patagonia, donde las abejas encuentren su néctar, y nosotros el sustento. Ven a sonreír conmigo una vez más- Ven conmigo a hacer florecer todos los desiertos.
lunes, 22 de abril de 2019
El hombre de los ojos hermosos - Ch. Bukowski
Aquí una versión animada de este poema creada por Jonathan Hogdson.
Y acá escrita y copiada tal cual sale en la siguiente página
__________________________________________________________________________
cuando eramos niños
había una casa extraña
todas las persianas estaban
siempre
cerradas
y nunca escuchamos voces
que vinieran de ahí
El patio estaba lleno de
bambú
nos gustaba jugar entre
el bambú
fingíamos ser Tarzán
( pero no había una Jane)
había un estanque
grande con peces
tan gordos
como nunca has visto,
dóciles venían a las superficie
para comer pan de nuestras manos
nuestros padres
nos dijeron
¡nunca se acerquen
a esa casa!
de todas maneras
lo hicímos
nos preguntabamos
si alguien vivía ahí
las semanas pasaron
y nunca vimos
a nadie
entonces un día
escuchamos
una voz
vino de la casa
–¡DIOS MALDITA PUTA!–
era la voz de un hombre
la puerta
se abrió de golpe
y el hombre salió
tenía un vaso de whiskey
en la mano derecha
tendría
unos 30 años
llevaba un cigarrillo
en la boca
necesitaba una afeitada
su cabello era salvaje
sin peinar
andaba descalzo
con una camisa
y pantalón
sus ojos eran brillantes
respladecían
con su viveza
Nos dijo:
–hey, pequeños
caballeros ¿Se están divirtiendo?
eso espero–
entonces
se río brevemente
y volvió a entrar
a la casa
nos fuímos
al patio de mis papás
y pensamos en ello
nuestros padres
concluímos
intentaron
mantenernos
alejados de esa casa
porque nunca quisieron
que viéramos
a un hombre como él
un hombre natural y fuerte
de ojos hermosos
nuestros padres
estaban avergozados
porque no eran así
era la razón
por la que quisieron
mantenernos alejados
pero regresamos
a la casa
al bosque de bambú
y los peces dóciles
regresamos muchas veces
por muchas semanas
pero nunca escuchamos
o vimos al hombre otra vez
las persianas
permanecieron cerradas
como siempre
y en silencio
un día
cuando regresabamos
de la escuela
vimos la casa
se había quemado
no quedaba nada
sólo los restos
negros retorcidos
de los cimientos
fuimos a mirar
el estanque
no había agua
y los peces gordos anaranjados
estaban muertos
y secos
regresamos
al patio de mis padres
para conversar sobre el asunto
concluímos
que nuestros padres
quemaron la casa
y asesinaron
también a los peces
y el bosque de bambú
porque eran demasiados hermosos
ellos
habían temido
del hombre de los ojos hermosos
toda nuestra vida
tuvimos miedo
que cosas así pasarían
que nadie quería
que alguien fuera
bello y fuerte
que otros nunca lo permitirían
y toda esa gente tendría
que morir
lunes, 15 de abril de 2019
En el fondo del lago
Soñé que era muy niño, que estaba en la cocina
escuchando los cuentos de la vieja Paulina.
Nada había cambiado: el candil en el muro,
el brasero en el suelo y en un rincón oscuro
el gato, dormitando. La noche estaba fría
y el tiempo tan revuelto, que la casa crujía...
Se escuchaba a lo lejos ese rumor de pena
que sollozan las olas al morir en la arena,
y a intervalos más largos esos vagos aullidos
con que piden auxilio los vapores perdidos.
Nosotros, los chiquillos, oíamos el cuento
sentados junto al fuego, y como entrara el viento
por unos vidrios rotos, su frente medio cana,
la vieja se cubría con su charlón de lana.
Era un cuento muy bello:
Tres príncipes hermanos
que se fueron por mares y países lejanos
tras la bella princesa que la mano de una hada
en un lago sin fondo mantenía encantada.
El mayor, que fue al norte, no regresó en su vida;
el otro, que era un loco, pereció en la partida;
y el menor, que era un ángel por lo adorable y bello,
llegó al fondo del lago sin perder un cabello...
Allá abajo, en el fondo, vio paisajes divinos,
castillos encantados de muros cristalinos
y en un palacio inmenso, de infinita belleza,
encerrada y llorando, vio a la pobre princesa.
Se encontraron sus ojos, se adoraron al punto
y lo demás fue cosa de poquísimo asunto,
pues al verlos tan bellos como el sol y la aurora,
el hada, que era buena, los casó sin demora.
-Así acabó la historia de aquella noche... El gato
se despertó gruñendo, desperezóse un rato
y se durmió de nuevo. Zumbó las ventolina
en el cañón, ya frío, de la vieja cocina...
Se levantó un chicuelo y sin hacer ruido
enhollinó la cara de otro chico dormido...
Yo, me quedé soñando con el príncipe amado
por la bella princesa, con el lago encantado
y también con los tristes y apartados desiertos
donde duermen los huesos de los príncipes muertos.
- Diego Dublé Urrutia
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Una tarde de domingo en casa de los abuelos, durante mucho rato buscando un enorme libro de poesía perdido entre tantos recuerdos de tanta gente. Debe haber sido el primer contacto, o tal vez en las noches de tormenta en el sur de Chile, en Perquenco, una humilde y fría casa a medianoche y yo desvelado junto a mi padre le pedía me contara algún cuento.
Este poema en particular, lo sabe mi abuela Hilda de memoria, pero ya había empezado a olvidarlo cuando -ya hallado el gran libro- comencé a declamar la primera línea y el poema volvió a su boca. Soy el que peor declama de la familia.
viernes, 12 de abril de 2019
PASIÓN, PASIÓN y MUERTE
...
Poema publicado en el diario La Nación el 2 de Abril de 1926; Viernes Santo.
Dedicado por Vicente Huidobro a Ximena Amunátegui.
(Dada la ocasión de este blog, quien lo lee, sabrá a quién va dedicado)
...Señor, hoy es el aniversario de tu muerte.
Hace mil novecientos veintiséis años tú estabas en una cruz
Sobre una colina llena de gente.
En el cielo y la tierra tus ojos eran toda la luz.
Gota a gota sangraste sobre la historia.
Desde entonces un arroyo rojo atraviesa los siglos regando nuestra memoria.
Las horas se pasaron ante el umbral extrahumano.
El tiempo quedó clavado con tus pies y tus manos.
Aquellos martillazos resuenan todavía,
Como si alguien llamara a las puertas de la vida.
Señor, perdóname si te hablo en un lenguaje profano,
Mas no podría hablarte de otro modo pues soy esencialmente pagano.
Por si acaso eres Dios, vengo a pedirte una cosa
En olas rimadas con fatigas de prosa.
Hay en el mundo una mujer, acaso la más triste, sin duda la más bella,
Protégela, Señor, sin vacilar; es ella.
Y si eres realmente Dios y puedes más que mi amor,
Ayúdame a cuidarla de todos los peligros, Señor.
Señor, te estoy mirando con los brazos abiertos.
Quisieras estrechar todos los hombres y todo el universo.
Señor, cuando doblaste tu cabeza sobre la eternidad
Las gentes no sabían si era de tus ojos que brotaba la oscuridad.
Las estrellas se fueron una a una en silencio
Y la luna no hallaba cómo esconderse detrás de los cerros.
Se rasgaron las cortinas del cielo
Cuando pasaba tu alma al vuelo
Y yo sé lo que se vio detrás; no fue una estrella,
Señor, fue la cara más bella,
La misma que verías al momento
Si rompieras la carne de mi pecho.
Como tú, Señor, tengo los brazos abiertos aguardándola a ella.
Así lo he prometido y me fatigan tantos siglos de espera.
Se me caen los brazos como aspas rotas sobre la tierra.
¿No podrías, señor, adelantar la fecha?
Señor, en la noche de tu cielo ha pasado un aerolito
Llevándose un voto suyo y su mirada al fondo del infinito.
Hasta el fin de los siglos seguirá rodando nuestro anhelo allí escrito.
Señor, ahora de verdad estoy enfermo
Una angustia insufrible me está mascando el pecho.
Y ese aerolito me señala el camino.
Amarró nuestras vidas en un solo destino.
Nos ha enlazado el alma mejor que todo anillo.
Señor, ella es débil y tenue como un ramo de sollozos.
Mirarla es un vértigo de estrellas en el fondo de un pozo.
Los ruiseñores del delirio cantaban en sus besos,
Se llenaba de fiebre el tubo de los huesos.
Alguien plantó en su alma viles hierbas de duda y ya no cree en mí.
Pruébame que eres Dios y en tres días de plazo llévame de aquí.
Quiero evadirme de mí mismo.
Mi espíritu está ciego y rueda entre planetas llenos de cataclismos.
Mi vida también sangra sobre la nieve,
Como un lobo herido que hace temblar la noche cada vez que se mueve.
Estoy crucificado sobre todas las cimas.
Me clava el corazón una corona de espinas.
Las lanzas de sus ojos me hieren el costado
Y un reguero de sangre sobre el silencio te dirá que he pasado.
Hace unos cuantos meses, Señor, abandoné mi viejo París,
Un extraño destino me traía a sufrir en mi país.
Hace frío, hace frío. El viento empuja el frío sobre nuestros caminos.
Y los astros enrollan la noche girando como molinos.
Señor, piensa en los pobres inmigrantes que vienen hacia América de oro.
Y encuentran un sepulcro en vez de cajas de tesoros.
Ellos impregnan las olas del ritmo de sus cantares.
La tempestad de sus almas es más horrenda que la de todos los mares.
Míralos cómo lloran por los seres que no verán más;
Les gritan en la noche todas las cosas que dejaron atrás.
Señor, piensa en las pobrecitas que sufren al humillar su carne,
Las nuevas magdalenas que hoy lloran el dolor de tu madre.
Agazapadas al fondo de la angustia de su absurda Babel,
Beben lentamente grandes vasos de hiel.
Señor, piensa las espirales de los naufragios anónimos.
En los sueños truncados que estallan en pedazos de bólido.
Piensa en los ciegos que tienen los párpados llenos de música y lloran por los ojos de su violín.
Ellos frotan sus arcos sobre la vida en una amargura sin fin.
Señor, te he visto sangrando e los vitraux de Castres,
Como mil mariposas que hacia los sueños parten.
Señor, en Venecia he visto tu rostro bizantino
Un día en que el aire se rompía de besos y de vino.
Las góndolas pasaban cantando como nidos
Entre las ramas de olas, siguiendo nuestras risas hacia el Lido.
Y tú quedabas solo en San Marcos, aspirando las selvas de oraciones.
Que crecen a tus plantas en todas las estaciones.
Señor, te he visto en un icono, obra de un monje servio que a pintar tus espinas.
Sentía toda el alma llena de golondrinas.
En la historia del mundo ¿qué significas tú?
Hace un año y medio discutí este tema en un café de Moscú.
Un sabio ruso no te daba mayor importancia.
Yo decía haber creído en ti en mi infancia.
Una bailarina célebre por su belleza
Decía que tú eres solamente un cuento de tristeza.
Todos te negaron y ningún gallo cantó.
Acaso Pedro oyéndonos lloró.
Y al fondo de una vieja Biblia tu sermón de la montaña
Seguía resonando de una manera extraña.
Señor, yo también tengo mi vida dolorosa, mis caídas y mi pasión;
Saltando meridianos como un tigre herido sangra y aúlla mi corazón.
Reina el amor en todas sus espléndidas catástrofes internas,
Mil rubíes al fondo del cerebro atruenan,
Y las plantas del deseo bordan el aire de estas noches eternas.
Poeta, poeta esclavo de aventuras y de algún sortilegio,
Soporto como tú la vida, el mayor sacrilegio.
Señor, lo único que vale en la vida es la pasión.
Vivimos para uno que otro momento de exaltación.
Un precipicio de suspiros se abre a mis pies; me detengo y vacilo.
Luego como un sonámbulo atravieso el mundo en equilibrio.
Señor, qué te importa lo que digan los hombres.
Al fondo de la historia
Eres un crepúsculo clavado en un madero de dolor y de gloria.
Y el arroyo de sangre que brotó en tu costado
Todavía, Señor, no se ha estancado.
ESTRELLA EBRIA
Maldito poeta,
estrella ebria.
Su ciclo incierto
de ignoto avistamiento.
Aparecido como en sueños
perdidos entre senderos.
Ya no extrañas los brazos ajenos
Y de tu boca antes taciturna
comienzas a corear una cancioncita absurda.
Sin embargo, al avanzar el día
vuelves a recordar las mil despedidas
que trae consigo el viaje.
Buscas perderte impotente en el paisaje.
Recuerdas que prometiste ya no mirar sobre lo andado,
salvo si es en palabras.
Con ellas remueves la escarcha
de los días malos.
Se hace mas ligero el aire en las alturas,
tu cabeza se libra de la amargura tan absurda
que es lamentar lo abandonado.
En otra vida ya te despediste de un tal Lautaro
También del insecto que atraviesa los sueños,
la mujer donde habitan rostros griegos
y la esquina de donde llegaba un gato.
Hechos tan horriblemente cotidianos,
que sigues avanzando a lo incierto.
Lo tuyo habla de un horizonte
más rojo que el corazón de una loica
De cometas atravesando del cielo el desconcierto.
De palabras cubiertas por la luna
De silencio de esquinas y sombras
Unos tacos negros rompiendo el pavimento.
La risa que raja la tiniebla gatuna.
Maldito poeta, estrella ebria:
Va cargada de pájaros tu corona,
Ríes al saberte tan solo como el sol,
porque al no saber despedirte, te inventas historias.
Y como un bosque descubierto a través de la niebla,
TU MIRADA EN LOS ÁRBOLES SE VUELVE SOBRIA.
jueves, 11 de abril de 2019
Notas sobrias de un cuaderno azul
Han pasado dos noches desde que decidí no seguir con la flaca, nunca tuvo nombre lo nuestro, creo que no hacía falta, pero de pronto ella se acostó con un tipo, y luego con su ex y la realidad fue evidente: no andamos buscando lo mismo.
Dolió mucho saberlo, ella me lo contó por teléfono ayer: que no fue nada importante, que lo del ex fue tóxico y cree que no volverá a hacerlo, etc. Siento que sabía todo esto de antemano, lo sentía en su silencio, sus fotos; lo que podía darme en la distancia.
Al regresar a la ciudad, me sentí muy perturbado, muy triste. Olía el fin y no podía nombrarlo. Me la encontré andando solo en un bar, ella andaba con un amigo. Se puso nerviosa y me ocultó su rostro, luego nos abrazamos y su olor, su porte, su voz, todo me parecía distinto. No hablamos esa noche. Era jueves.
Al día siguiente, le pedí verla. Nos juntamos en su casa, intenté dar con las palabras, le dije que me dolió lo que pasó y no sabía por qué; que estaba en un momento de mi vida donde estaba tomando decisiones importantes y que quería construir algo con alguien, que de andar a la deriva había tenido suficiente. Ella dijo que no estaba dispuesta a eso. Estuve pronto a llorar, mi cuerpo temblaba y quedaba sin fuerza. En ese momento pensé en su cabello.
/Lo arruiné, rompí la burbuja y la magia, podría haber seguido ignorando lo que sentía, muriendo de inseguridad por dentro y siendo inmensamente feliz a ratos./
Le miré y vi la pena que le causaba verme así, pero venía saliendo de una relación difícil de 7 años, no quiere dramas, ya fue suficiente, quizás aun no se ha dado el tiempo de vivir los duelos. /Las voluntades discrepan/. Nos abrazamos de nuevo, la sentí tan cerca, tan igual. Sentí su cabello y besé su cuello; un hombro; una clavícula. Tomó distancia. Nos abrazamos de nuevo, se repitió lo anterior. Un momento soñado seguido de un silencio incómodo. No sé cuando me fui.
A la noche siguiente volví. Nuestros cuerpos se encontraban en paralelo, sin tocarse. Ahora es ella la que no sostiene la mirada. Me recordó esa tarde de otoño cuando escuchábamos suave música mirando el atardecer, tomando mate, cubiertos por mi frazada. Ese día vencimos al mundo; una mujer nos lo hizo saber, nos dijo que lucíamos muy bien sentados ahí juntos, sólo eso. Y siguió su camino.Son ese tipo de recuerdo los que uno quiere volver a vivir una y otra vez, como reír desnudos en la cama a la luz de la luna.
En fin, quería oírme, que le contara algo; sé que gusta mirarme cuando hablo. Pero no tenía nada bueno que contar, mi vida se ha suspendido en las últimas semanas. No dejó que me quedara en su casa, pese al frío y a mi insistencia. Que no era mal rollo. Me fui solo.
No puedo decir nada más de entonces. Ahora, una presión desde distintos puntos en el estómago, ganas de entregar tanto, las lágrimas esperan en la garganta. Ojalá un buen día me busque y antes yo me encuentre. Nuestras pieles se entendían tan bien, ese registro queda. Igual siento que me alejé de alguien con quien pude haber creado y construido bellezas. No es el mismo desgarro que sentí con Violeta. Pero sus cuerpos se entendían tan bien con el mío, que volver al propio, sobre todo maltratado por el sedentarismo que fuerza la lectura, es difícil. Como retrotraer toda esa energía y no caer en sufrimiento innecesario.
Que esa energía siga fluyendo y no se detenga: Crear irresponsable.
En fin, quería oírme, que le contara algo; sé que gusta mirarme cuando hablo. Pero no tenía nada bueno que contar, mi vida se ha suspendido en las últimas semanas. No dejó que me quedara en su casa, pese al frío y a mi insistencia. Que no era mal rollo. Me fui solo.
No puedo decir nada más de entonces. Ahora, una presión desde distintos puntos en el estómago, ganas de entregar tanto, las lágrimas esperan en la garganta. Ojalá un buen día me busque y antes yo me encuentre. Nuestras pieles se entendían tan bien, ese registro queda. Igual siento que me alejé de alguien con quien pude haber creado y construido bellezas. No es el mismo desgarro que sentí con Violeta. Pero sus cuerpos se entendían tan bien con el mío, que volver al propio, sobre todo maltratado por el sedentarismo que fuerza la lectura, es difícil. Como retrotraer toda esa energía y no caer en sufrimiento innecesario.
Que esa energía siga fluyendo y no se detenga: Crear irresponsable.
Martes 18 de Julio, 2017.
lunes, 25 de marzo de 2019
Nota ebria de un cuaderno azul
13/7/2017
Acabo de llegar a Temuco. Esperé que fuera una hora adecuada para ir al bar solo, en primera instancia. Me siento en una larga mesa rodeada de extraños, amables hacen las preguntas de rutina: ¿cómo te llamas?; ¿vienes solo?; ¿dónde estudias?, etc.
Por mi parte, me muestro reacio. No deseo conocer gente hoy. No es cierto, no sé que quiero, aparte de emborracharme. Evito sus miradas: necesito una tribuna oscura desde la cual mirar este circo, acaso encuentro una buena historia que contar.
Mientras, a un par de cuadras una mujer hermosa me espera, o eso quiero creer. Al menos sé que me abriría la puerta y me dejaría entrar. Sin embargo, algo me detiene, llamémosle instinto. Digamos que lo razonable es salvar la distancia: puedo oler el fin, el trueno que anuncia el rayo que resuena en el pecho, como el augurio de una presencia escuálida o un terreno yermo que retrae la lengua empapada de vino hacia la garganta e invita a no echar raíces.
Me preocupan demasiado estas cosas, siempre. Alguien me invita a fumar. Ojalá la gente bailara, se haría más interesante. Estoy un rato con un grupo de tipos, les vendo algo de hierba. Y me encuentro con ella; su porte es distinto, el color de su cabello, su voz es desagradable. Algo se quedó en el camino. Le alzo una ceja en gesto de saludo, me sonríe con cierta hipocresía. Aún no llegan mis amigos, llevan ya media hora de retraso, me mareo y quisiera estar muerto:
Un afluente agrio me recuerda el sabor de la derrota
pequeñas úlceras
fragmentos de sangre negra
se ríen
de mí.
Un sendero hecho de hojas muertas
se raja
como el espasmo a la noche:
todos hablan y se ríen.
Una serie de líneas proyectadas al vacío.
Estoy en el punto donde gira la rueda en torno a la gravedad que empuja a la nada: cobra la mayor fuerza. Ella ríe. Las bicicletas se suspenden en el aire, todo parece quedar de cabeza, yo me prendo de los hombros a dos ganchos paralelos: veo las bocas de las botellas escupir cerveza ya sin espuma, aunque fría. Ella ríe, y mis ojos no dan con un horizonte que no esté interceptado de gente aullante y ebria. Extraño las montañas y su silencio solemne.
Gozo de dos botellas, una rebosa de vino, otra de cerveza. Ella baila, ya no me importa nada.
Los ganchos ceden y mis hombros deseosos de bailar se suspenden en el aire.
Pienso en los supermercados y su vitrina de cuerpos sin gravedad.
Pienso en los mercados de carne humana.
En las vidas desperdiciadas buscando dar con otra carne ávida de lo mismo.
-Hilos de sangre entre medio-
Nadie se encuentra nada, volvemos con las billeteras vacías y la garganta* ardiente.
No hay camino a casa esta noche, tampoco doy con ella.
El viento azota mi cabeza, la soledad tiene un gusto a sal.
No hay camino a casa esta noche, tampoco doy con ella.
El viento azota mi cabeza, la soledad tiene un gusto a sal.
Las flores están marchitas, no ocurre el milagro
y todo queda en nada.
Profiere una tierra sin sombra, una suerte de paz que suspenda al aire de su combustión.
Plexo solar abierto.
La luna ríe, yo la miro sin verla.
y todo queda en nada.
Profiere una tierra sin sombra, una suerte de paz que suspenda al aire de su combustión.
Plexo solar abierto.
La luna ríe, yo la miro sin verla.
(*Garganta: 1. espacio que separa por medio de un afluente la división entre mundos paralelos. 2. Camino por el que ingresan para no volver y, si vuelven, son distintas a entonces. Quien baila con la muerte, olvida lo que es a costa de recordar su multiplicidad y el destino que adivina propio.)
miércoles, 20 de marzo de 2019
De Quintay a Bolivia
- Vamos a mandar al infierno al futuro por incierto
- Te echaré de menos, compañera. Te gustaban las flores; lilas y moradas. Colgaban de tu oreja un poco puntiagudas.
- Tuyo fue todo mi arte. La belleza estaba clavada en tu rostro, y todo lo que te rodeaba estaba llena de colores.
- Miramos mil caminos, miramos el cielo y la mar. Sentí vértigo. Y elegí el no-camino, entre mil caminos. De todos los senderos, nos fuimos por el no-sendero.
-Rodamos en la arena; olvidamos los caminos. Y NOS REÍMOS DESVERGONZADOS.
"EL ARTE Y LA MUERTE." Fin del verano.
voy cerrando los ojos, y me parece verte, otra vez
"EL ARTE Y LA MUERTE."
... Esa agua que se derrama es la muerte, y desde el momento que te contemplas en paz, que registras tus nueve sensaciones, desde ese momento comienza la gran identificación: estabas muerto, y he aquí que una vez mas, te sientes vivo. Sólo que esta vez, estás solo.
La angustia se desliza en el sueño.
En todo caso, ese sueño no puede mentir.
Los sueños no mienten.
Al parecer,la propia fuerza de la desesperación restituye determinadas situaciones de la infancia donde la muerte aparecía tan clara y como la derrota de un tirón. la infancia reconoce los bruscos despertares del espíritu, esas intensas prolongaciones del pensamiento que vuelven a perderse a una edad más avanzada:
recuerdos inauditos de una realidad totalmente mental.
El niño ve teorías reconocibles de antepasados, en donde observa los orígenes de todas las semejanzas reconocibles en cada hombre.
...pero llega ese movimiento de la vida hacia lo tenebroso, y desde entonces semejantes estados sólo se encuentran con la ayuda de una lucidez absolutamente anormal, por ejemplo, la que producen los estupefacientes. De ahí proviene la inmensa utilidad de los tóxicos, para liberar, para sobre elevar el espíritu. Mentiras o no, desde el punto de vista de una realidad de la que vimos lo poco que podíamos tener en cuenta, ya que lo real no es más que una de las caras mas transitorias y menos reconocibles de la infinita realidad, ya que lo real se iguala a la materia y se pudre con ella, y los tóxicos, desde el punto de vista del espíritu, conquistan su dignidad superior que los convierte en los auxiliares más cercanos y útiles de la muerte.
todos aquellos que sueñan sin echar de menos sus sueños,
sin sacar de esa zambullidas en una inconsciencia fecunda,
un sentimiento de nostalgia atroz,
SON UNOS PUERCOS:
El sueño es real, todos los sueños lo son.
tengo la sensación de asperezas, de paisajes como esculpidos, de fragmentos de tierra ondulante recubierto por una suerte de arena fresca, cuyo sentido significa lamento, decepción, abandono, ruptura:
¿cuando volveremos a vernos?
nada existe que se asemeje al amor como la evocación de ciertos paisajes vistos en sueños
como el cerco de terminadas colinas por una suerte de arcilla material, cuya forma esta como moldeada en el pensamiento
¿cuando volveremos a vernos?
¿Cuando el sabor terroso de los labios vendrá una vez más a rozar la ansiedad de mi espíritu?
La tierra es como un torbellino de labios mortales
frente a nosotros la vida cava el abismo de todas las caricias fallidas
¿que tiene que hacer junto a nosotros ese ángel que no supo mostrarse?
¿acaso son nuestras sensaciones siempre intelectuales y nuestros sueños no logran arder sobre un alma cuya emoción nos ayude a morir?
¿que significa esta muerte en la que eternamente estamos solos, donde el amor no nos muestra el camino?
Fin de nota."
- Antonin Artaud (fragmentado)
Observaciones
Saber que una mirada puede más que todas las palabras, y un sueño resumir todos los viajes.
Como un collage arrebatado por la luna llena despedida por el verano, en apariencia agonizante.
No es casualidad que la esperanza se guarde en el mismo cofre que todos los males, porque mientras --entre sueños- me hago aquella pregunta de, si acaso, voy mal cerrando la puerta al amor en tu rostro.
Salto, pues, al imaginario de tu realidad, y ceso mi voz, porque al advertirme me expulsas como el apestado que hierra y contagia su convixión herrada del hamor. Porque, en un arrebato de lucidez, volví a casa, abandonando tu amor por lo incierto que es buscar un hogar y un nuevo comienzo.
Mañana comienzan a caer las semillas, dicen; un día nos encontraremos
Pero ¡con qué propiedad, con qué atrevimiento y certeza hablamos del amor!
Queremos alzarlo como una verdad manifiesta. Inalterable. Suspendida sobre cualquier marea. ¿No recuerdas que, en hongos, nos dimos cuenta de que todo está en movimiento?
¿Que yo lloré en tus brazos camino a nuestro encuentro sobre la colina que se alza sobre el mar? Lloré de felicidad, lo confieso, como anoche lloré de pena oyendo a Artaud.
¿por qué el amor debe ser menos material que cualquier carta dejada en el camino o el nombre insolente tallado en la superficie cotidiana de los días?
Dímelo, sabiendo que comparto que hay que entregarlo todo, que la caricia es el puente entre un alma y otra, y que el sueño fue compartido.... pero ya se despertó.
Así, muda la piel el corazón, y de paso nos salvamos de la enfermedad que se llama nostalgia sin remedio. Se llama culpa, y decir: ¡Yo no sé amar!
No se sabe, querida, se siente. Y mientras más libre, más ligero es su vuelo. Más lleno de aire y horizontes circulares. Yo no cierro las puertas, hecho abajo las murallas y quemo la casa. Antes de eso, me robo el cofre. Supe vivir así desde hace tiempo, porque el nómada tiene inscrito -irremediable- sobre la frente la marca del cuatrero, y yo me fui aun queriendo estar ahí. Imaginándome en medio del fuego, construyendo una morada donde las flores sepan burlar todos los inviernos.
Pero un día habrá una que me cobije, cariño.
(Una casa, entendiste mal)
Entonces dejaré de vagar errante, agradecido de nuestras trece o catorce lunas. Y antes de eso, y si acaso quedó algún veneno incierto, ya no puedo disculparme, sólo fui yo amando intenso. Y de tu casa incendiada a causa de las sábanas, sabrá nacer una nueva piel que cobije a una nueva piel.
Finalmente, una vez que se acabe este cuento, podremos mirar cada uno a nuestros corazones y decir: ¡las cicatrices son hermosas!
porque nos enseñó algo nuevo que hoy el dolor, como la sangre que mana fresca de la herida, no deja ver la marca que nos deja este amor:
NUNCA MENOS QUE ESTE AMOR
alcanzo a leer, mientras me desangro.
No, no es la muerte del amor lo que nos duele,
es la angustia de despertar de este sueño.
miércoles, 6 de marzo de 2019
Indicaciones para perderse en el bosque
(El semen como un fractal va tomando forma en la arena*)
*Esto se lee en silencio
Pienso en mis hijos Tristán y Leftraru
que los cobijará la misma sombra de este cuarto.
¿No es el bosque la soledad más preciada?
Aunque fuera, bien, se libren navales batallas
O el tronar de helicópteros ahogue el canto de bestias aladas.
Una vida entera soñé ver correr a mis hijos
sobre negra tierra.
Llevaban los cabellos largos untados con grasa
Al llegar a casa, rojos de sudor, arrojaban sus menudos cuerpos sobre piel de cabra.
Mis hijos lucían orgullosos su cara manchada
de excremento de aves.
O de la sangre de algún gendarme: odiaban,
sobre todo,
la propiedad privada
y al guardián de sombrero verde que la defiende.
Más, despierto y pienso
que al cavilar los años y verme más viejo;
¿Pudiera ser el traidor de la raza que esté pariendo?
¿Habría aún un refugio que pudiera cobijar este agotado cuerpo?
Lejos del registro de los hombres con quien crié una raza de guerreros.
Lejos, también, de los brazos de una mujer para acompañar los inviernos.
Sólo yo y el viento.
Y los insectos dorados dentro de los troncos. Aguardando en silencio.
Maldiciendo en lengua ancestra
al final que les he puesto
por la brasa que del tronco fulgurante ha nacido.
Y ya mi cuerpo como la fogata se va extinguiendo,
la misma que enseñé a mis hijos
Tristán y Leftraru, que siendo mocosos de ojos negros
cogían palitos del cerro.
"Nunca", les dije "Tomen más de lo que necesiten".
Espero hayan aprendido;
Jóvenes hermosos de mirar atento.
Y así como el fuego se va haciendo más pequeño,
Y sin que nadie derrame sobre mi tumba vino.
Y sin que nadie, tras la última hora, brinde en mi nombre.
Me iré confundiendo entre las ramas del bosque,
siendo de insectos alimento.
Devolviendo, agradecido,
lo que sin querer,
en mi afán de ser humano arrebaté.
Para morir solo y en silencio.
Y mientras cierre los ojos,
Sonreír soñando
que mis hijos sabrán
que en el bosque los espera un poeta muerto.
*Esto se lee en silencio
Pienso en mis hijos Tristán y Leftraru
que los cobijará la misma sombra de este cuarto.
¿No es el bosque la soledad más preciada?
Aunque fuera, bien, se libren navales batallas
O el tronar de helicópteros ahogue el canto de bestias aladas.
Una vida entera soñé ver correr a mis hijos
sobre negra tierra.
Llevaban los cabellos largos untados con grasa
Al llegar a casa, rojos de sudor, arrojaban sus menudos cuerpos sobre piel de cabra.
Mis hijos lucían orgullosos su cara manchada
de excremento de aves.
O de la sangre de algún gendarme: odiaban,
sobre todo,
la propiedad privada
y al guardián de sombrero verde que la defiende.
Más, despierto y pienso
que al cavilar los años y verme más viejo;
¿Pudiera ser el traidor de la raza que esté pariendo?
¿Habría aún un refugio que pudiera cobijar este agotado cuerpo?
Lejos del registro de los hombres con quien crié una raza de guerreros.
Lejos, también, de los brazos de una mujer para acompañar los inviernos.
Sólo yo y el viento.
Y los insectos dorados dentro de los troncos. Aguardando en silencio.
Maldiciendo en lengua ancestra
al final que les he puesto
por la brasa que del tronco fulgurante ha nacido.
Y ya mi cuerpo como la fogata se va extinguiendo,
la misma que enseñé a mis hijos
Tristán y Leftraru, que siendo mocosos de ojos negros
cogían palitos del cerro.
"Nunca", les dije "Tomen más de lo que necesiten".
Espero hayan aprendido;
Jóvenes hermosos de mirar atento.
Y así como el fuego se va haciendo más pequeño,
Y sin que nadie derrame sobre mi tumba vino.
Y sin que nadie, tras la última hora, brinde en mi nombre.
Me iré confundiendo entre las ramas del bosque,
siendo de insectos alimento.
Devolviendo, agradecido,
lo que sin querer,
en mi afán de ser humano arrebaté.
Para morir solo y en silencio.
Y mientras cierre los ojos,
Sonreír soñando
que mis hijos sabrán
que en el bosque los espera un poeta muerto.
miércoles, 16 de enero de 2019
Tiwanaku
Un día los tiwanakotas se fueron. Tenían una piscina con 175 rostros, todos diferentes, al menos cinco de ellas eran calaveras, otros orientales o del áfrica subsahariana. Los tiwanakotas gustaban de alargarse el cráneo, pero esa crueldad sobre el cuerpo era reservado a la aristocracia sacerdotal. Para ello, desde la más tierna infancia, se le colocaban un par de tablillas paralelas que iban en diagonal ascendente desde un costado de la frente hasta la parte posterior de la cabeza; así el cráneo se deformaba con facilidad.
¿Qué había tras ese cráneo?, ¿Qué cúmulo de de ideas, de conjunción de imágenes, figuras sagradas en los cuerpos virtuosos de sacerdotes y guerreros puma que conjugan los cuatro elementos?
De la puerta del sol y su exactitud del calendario solar.
De las catorce puertas magnéticas puestas en hileras de 7, y tras ese pasadizo un círculo perfecto: En ese sitio, las piezas del tablero están dispuestas para que las piedras hablen.
No hay ningún pájaro volando al azar, ¿Qué era de esos gaviotines de rostro negro que volaban en círculos sobre el templo a mediodía? Como aves de carroña, hacían círculos alrededor del sol, como si se hubiera revelado un cadáver.
Y fragmentos del cuerpo humano como un oído perfectamente pulido a través de una muralla.
¿Qué es de ese pasillo rodeado de piedras magnéticas que acaba en un círculo perfecto? ¿A quién venía a darle la bienvenida?
Los tiwanakotas no dejaron una tumba, no se sabe nada de sus ritos funerarios. Sólo quedan esas calaveras sonrientes que muestran el rostro de la muerte de hace 10.000 años. Nadie sabe las razones por las que abandonaron sus templos, ¿será que el mar que bañaba puma punku se secó?
Las fascinaciones con los animales daban evidencia en sus megalitos de 7 metros; estatuas de una piedra donde sacerdotes y guerreros con los cuerpos tatuados de sobrecogedoras e intrincadas figuras de aves y felinos descendían del hombro hacia los brazos dibujando espirales en todos los sentidos. El sacerdote llevaba el torso desnudo, con trenzas largas que descendían por su espalda, y una falda de apariencia vegetal. Sus manos deformadas a propósito: en una, un instrumento de viento; en la otra, una bombilla para aspirar rapé. Los cuerpos -por lo demás- son perfectamente andróginos; se dice que los tiwanakotas se alimentaban sobre todo con grano, ignorando la carne y siendo particulares sembradores de quinoa. No era extraño morir tras los 100 años.
Por otra parte, no es difícil darse cuenta que todo museo se alimenta de saqueadores de tumbas. Tumba sin cadáver que es Tiwanaku, y que sin embargo desde su misteriosa desaparición, muchos visitantes han venido para llevarse algo y sacarlo de su lugar. En el caso del museo que hoy "protege" algunos objetos que lucen frágiles, también ha encerrado instrumentos de indescriptible forma en una arquitectura tan modestamente contemporánea que parece buscar -estéril- en sus figuras un aspecto ritual que nada tienen que ver con las profundidades y dimensiones percibidas en aquellos templos donde -insisto- no hay ningún pájaro volando al azar.
La concentración de vida que se reúne al mediodía, desnuda e imprevista en la aridez del altiplano una tierra de milki (leche en aymará) y miel.
Crearon una laguna para usarla como mapa astral.
Piedras rojas, sobre todo, también negras y grises, muchas con hierro en su interior, lo que genera un flujo magnético determinado, ¡Y qué efecto pudiera tener la luna y los demás astros con sus frecuencias sobre ellas!
¿Y si el Titicaca, el lago sagrado, ha nacido de la desertificación de un mar interior? ¿por qué aún los lugareños peregrinan, miles de años después, a ese lugar para hacer sus libaciones?
Es como si un profundo secreto se guardara en la lengua aymara, como si estuviera todo revelado en un encriptamiento ancestral para dar cuenta que una ciudad se hizo para verse reflejada en las estrellas.
¿Qué había tras ese cráneo?, ¿Qué cúmulo de de ideas, de conjunción de imágenes, figuras sagradas en los cuerpos virtuosos de sacerdotes y guerreros puma que conjugan los cuatro elementos?
De la puerta del sol y su exactitud del calendario solar.
De las catorce puertas magnéticas puestas en hileras de 7, y tras ese pasadizo un círculo perfecto: En ese sitio, las piezas del tablero están dispuestas para que las piedras hablen.
No hay ningún pájaro volando al azar, ¿Qué era de esos gaviotines de rostro negro que volaban en círculos sobre el templo a mediodía? Como aves de carroña, hacían círculos alrededor del sol, como si se hubiera revelado un cadáver.
Y fragmentos del cuerpo humano como un oído perfectamente pulido a través de una muralla.
¿Qué es de ese pasillo rodeado de piedras magnéticas que acaba en un círculo perfecto? ¿A quién venía a darle la bienvenida?
Los tiwanakotas no dejaron una tumba, no se sabe nada de sus ritos funerarios. Sólo quedan esas calaveras sonrientes que muestran el rostro de la muerte de hace 10.000 años. Nadie sabe las razones por las que abandonaron sus templos, ¿será que el mar que bañaba puma punku se secó?
Las fascinaciones con los animales daban evidencia en sus megalitos de 7 metros; estatuas de una piedra donde sacerdotes y guerreros con los cuerpos tatuados de sobrecogedoras e intrincadas figuras de aves y felinos descendían del hombro hacia los brazos dibujando espirales en todos los sentidos. El sacerdote llevaba el torso desnudo, con trenzas largas que descendían por su espalda, y una falda de apariencia vegetal. Sus manos deformadas a propósito: en una, un instrumento de viento; en la otra, una bombilla para aspirar rapé. Los cuerpos -por lo demás- son perfectamente andróginos; se dice que los tiwanakotas se alimentaban sobre todo con grano, ignorando la carne y siendo particulares sembradores de quinoa. No era extraño morir tras los 100 años.
Por otra parte, no es difícil darse cuenta que todo museo se alimenta de saqueadores de tumbas. Tumba sin cadáver que es Tiwanaku, y que sin embargo desde su misteriosa desaparición, muchos visitantes han venido para llevarse algo y sacarlo de su lugar. En el caso del museo que hoy "protege" algunos objetos que lucen frágiles, también ha encerrado instrumentos de indescriptible forma en una arquitectura tan modestamente contemporánea que parece buscar -estéril- en sus figuras un aspecto ritual que nada tienen que ver con las profundidades y dimensiones percibidas en aquellos templos donde -insisto- no hay ningún pájaro volando al azar.
La concentración de vida que se reúne al mediodía, desnuda e imprevista en la aridez del altiplano una tierra de milki (leche en aymará) y miel.
Crearon una laguna para usarla como mapa astral.
Piedras rojas, sobre todo, también negras y grises, muchas con hierro en su interior, lo que genera un flujo magnético determinado, ¡Y qué efecto pudiera tener la luna y los demás astros con sus frecuencias sobre ellas!
¿Y si el Titicaca, el lago sagrado, ha nacido de la desertificación de un mar interior? ¿por qué aún los lugareños peregrinan, miles de años después, a ese lugar para hacer sus libaciones?
Es como si un profundo secreto se guardara en la lengua aymara, como si estuviera todo revelado en un encriptamiento ancestral para dar cuenta que una ciudad se hizo para verse reflejada en las estrellas.
Noche de lluvia en Copacabana, 30 de diciembre de 2018.
He venido pensando en las figuras pintadas en las nubes, cómo el silencio se ha llevado mi voz, y lo ha reemplazado por discos, truenos, gaviotines.
El otro día en La Paz, mientras andaba en el teleférico, estaban sentados frente a mí dos seres que se amaban de sobremanera; lo advertí cuando sus miradas encontradas una en la otra emitieron tal energía que yo, absorto entre el paisaje y divagaciones del mismo color (La Paz con sus casas de ladrillo sin estucar, tejados ocre o de planchas metálicas, se ven superpuestas en tantas dimensiones como grande es el valle que habitan; y atrás montañas inmensas). Sus miradas, decía, era de una complicidad tal que no cabían las palabras entre ellas; esas almas se comunicaban a través de gestos, susurros, sonrisas. Entendíanse perfectamente con los ojos.
Era una mujer de edad indefinida, morena, tenía en su rostro, sí, desvelos que surcaban como arrugas su mirada llena de sonrisas hacia un muchachito de no más de 10 años.
No sé qué me pasó, una emoción me sobrevino y, casi sin darme cuenta, lloré lágrimas dulces que corrían como ríos por mi cara. Y, en un arrebato de coraje, aguanté los sollozos, como cuando chico uno se golpea fuerte y no quiere que los compañeros de juego adivinen la medida del dolor que se siente. Así, intenté inútilmente refugiarme en el paisaje que otrora me retuvo absorto. Más, estas almas me habían notado y dejando el juego en el que estaban mientras disfrutaban antes del paseo a la feria de El Alto, quizás ya habiendo adivinado la naturaleza de esas lágrimas, compasiva la mujer trató de desviarle la atención al niño que, sirviéndose por primera vez de palabras, preguntaba inquisitivamente con su dedo índice apuntando hacia mí por qué estaba llorando.
Esas hermosas almas -adivinando la infinidad de pozos que tienen el país de llantos, que sólo se llenan con algún arrullo- hicieron verme solo como nunca hasta entonces habíame visto en este camino, y en ese momento decidí volver.
º
Si la vida es una espiral, si el andar por los caminos nos lleva de nuevo a probar cada trago una vez más, tal vez, pensé, me estoy tomando esta copa demasiado rápido.
El otro día en La Paz, mientras andaba en el teleférico, estaban sentados frente a mí dos seres que se amaban de sobremanera; lo advertí cuando sus miradas encontradas una en la otra emitieron tal energía que yo, absorto entre el paisaje y divagaciones del mismo color (La Paz con sus casas de ladrillo sin estucar, tejados ocre o de planchas metálicas, se ven superpuestas en tantas dimensiones como grande es el valle que habitan; y atrás montañas inmensas). Sus miradas, decía, era de una complicidad tal que no cabían las palabras entre ellas; esas almas se comunicaban a través de gestos, susurros, sonrisas. Entendíanse perfectamente con los ojos.
Era una mujer de edad indefinida, morena, tenía en su rostro, sí, desvelos que surcaban como arrugas su mirada llena de sonrisas hacia un muchachito de no más de 10 años.
No sé qué me pasó, una emoción me sobrevino y, casi sin darme cuenta, lloré lágrimas dulces que corrían como ríos por mi cara. Y, en un arrebato de coraje, aguanté los sollozos, como cuando chico uno se golpea fuerte y no quiere que los compañeros de juego adivinen la medida del dolor que se siente. Así, intenté inútilmente refugiarme en el paisaje que otrora me retuvo absorto. Más, estas almas me habían notado y dejando el juego en el que estaban mientras disfrutaban antes del paseo a la feria de El Alto, quizás ya habiendo adivinado la naturaleza de esas lágrimas, compasiva la mujer trató de desviarle la atención al niño que, sirviéndose por primera vez de palabras, preguntaba inquisitivamente con su dedo índice apuntando hacia mí por qué estaba llorando.
Esas hermosas almas -adivinando la infinidad de pozos que tienen el país de llantos, que sólo se llenan con algún arrullo- hicieron verme solo como nunca hasta entonces habíame visto en este camino, y en ese momento decidí volver.
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Si la vida es una espiral, si el andar por los caminos nos lleva de nuevo a probar cada trago una vez más, tal vez, pensé, me estoy tomando esta copa demasiado rápido.
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